La historia de la moda. El traje de los Reyes Católicos, el Siglo XV

En el CAPÍTULO 1Historia de la moda antigua y moderna

HISTORIA ANTIGUA

1 El punto de partida histórico. 1.1 El Precedente de la moda: desde el final del siglo XV hasta mediados del siglo XIX. 1.2 La Historia de la moda: de mediados del siglo XIX a la actualidad. 1.3 Consideraciones en este estudio.

/2 El vestido de Isabel la Católica. 1. Introducción. 2. Marco histórico. 3. El personaje. 4. Generalidades sobre su vestuario. 5. Prendas femeninas más usuales en la España de los Reyes Católicos. 6. Leyes suntuarias en la época de los Reyes Católicos. 7. Análisis iconográfico del cuadro La Virgen de Los Reyes. 8. Notas. 9. Bibliografía.


1. El punto de partida histórico

La historia del vestido tiene sus inicios en los tiempos más remotos de la historia del hombre. No osamos pronunciarnos sobre cambios bruscos en nuestra evolución del vestuario, pues ya hemos visto sobradas razones en torno de la indumentaria, incluso de la más arcaica, y, a ese respecto, no nos sentimos tentados a especular tanto como para constreñir determinados períodos históricos, que en tiempo real duraron muchos años, que se dieron en muchas generaciones de hombres y mujeres, y reducirlos a lo que hoy llamamos un cambio de estilo como si no fuera más que el resultado de una ecuación instantánea. Debe estudiarse la moda globalmente, sin caer en la tentación de ser tan parciales que el espíritu de la moda, tan cambiante en las tres últimas décadas, nos lleve a pensar que la moda es un fenómeno efímero, vano y sin fundamento. Es por cuestión de espacio y por concretar mejor la materia de estudio por lo que gran parte de la historia del traje la dejamos para los tratados de Antropología, Historia del Arte y lo que en definitiva se viene llamando con propiedad Historia del Vestido. Pero el aspecto de la moda que la relaciona con la industria y con el diseño sí nos interesa, para encuadrar en ello nuestra profesión, primero, y para que el complejo fenómeno de la moda actual no quede desligado de lo que la moda ha sido. Es decir, nos interesa la parte industrial de la moda y su estructuración, porque esto es el enfoque del diseño: el diseño de moda.

La segunda intención, la de conectar la moda pasada con la moda actual, es proponerle al estudiante que mantenga permanente atención a este propósito; porque la moda actual, que es tan compleja, que no se atiene solamente al interés por la vestimenta sino por el aspecto integral del individuo, puede ser la culminación del desarrollo ininterrumpido de las modas pasadas y la integración de la moda en la cultura del ser humano, social y urbano.

Consecuentes con este propósito, presentamos un boceto histórico en dos partes: la primera como El Precedente de la moda, y la segunda parte como una síntesis de la Historia de la moda. Para nosotros, existe una diferencia fundamental entre ambas épocas históricas en cuando a la indumentaria: en la primera nace la importancia dada al hecho de vestirse, motivada por la ostentación de riqueza, el gusto por el lujo, la distinción social expresada con el vestido; en la segunda lo que nace es concretamente un producto industrial y de consumo llamado moda.

1.1 El Precedente de la moda: desde el final del siglo XV hasta mediados del siglo XIX

El punto de partido elegido es aquel en que el Viejo Mundo se transforma.

Para comprender cómo cambia el mundo en las fronteras de los siglos XV y XVI, hagamos esta breve consideración: Hasta finalizado el siglo XV Europa ignora América y sabe poco de Asia y África. En el final del siglo XVI y durante todo el XVII los europeos conocemos un Nuevo Mundo; distintas civilizaciones se encuentran, se acercan, se imitan.

En ese mundo antiguo, sobre todo en la Europa occidental y meridional, van a ocurrir cambios importantes en un marco de monarquías y principados, aunque el resto del continente permanecerá en principio dominado por el régimen feudal. Es ésta una recomposición consecuencia de matrimonios principescos, que hará desaparecer entidades políticas heredadas de la Edad Media (el ducado de Borgoña, 1493 ; el ducado de Bretaña, 1532) y nacerán otros nuevos estados (Aragón y Castilla en España, País de Gales en Inglaterra). Es la nueva Europa con menos estados y más homogéneos, afirmándose el carácter nacional de cada uno ellos. En Italia no cambia nada y Venecia mantiene su independencia. Dos grandes ducados de Rusia y Lituania y el reino de Polonia, en el Este; tres reinos escandinavos en el Norte y el reino de Inglaterra en el Oeste. La Europa occidental y sur-oriental la forman los reinos de España, Francia, Nápoles y Cerdeña por una parte, y por otra, el Sacro Imperio Germánico de Carlos V y el Imperio Otomano de Soliman El Magnífico. Por añadidura, muy pronto el Sacro Imperio Germánico y los reinos de España se funden en uno solo, el Imperio Español, desbordando con mucho el continente europeo. Pero no sólo el mapa de la indumentaria deja de coincidir con el viejo esquema político sino que aquel empieza a evolucionar con mayor fuerza, empujado por el renacimiento artístico y literario, que culmina en el siglo XVI y que recupera la dignidad para el cuerpo humano. Es el Renacimiento. El arte y la cultura de este movimiento se implican en la indumentaria: se buscan modelos nuevos y variados para vestir, se combinan líneas, colores, volúmenes, se hacen tejidos nuevos buscando armonía y, decididamente, elegancia. Se recupera el orgullo de la belleza física y el disfrute del placer.

Un diseñador de moda no puede por menos de hacer un ejercicio imaginativo y pensar qué hubiera sido el Renacimiento, en pos de la belleza y la perfección humana, de haber contado con los medios industriales que nos encontramos al final del siglo XIX.

Y es justamente para prologar este inicio por lo que nosotros introducimos aquí un subcapítulo especial: El vestido de Isabel La Católica, por la importancia del personaje en todos los sentidos, por ser mujer y porque ciertos prejuicios, de sobra infundados, la han discriminado injustamente contra el interés que el vestuario femenino tiene en la Historia de la moda.

1.2 La Historia de la moda: de mediados del siglo XIX a la actualidad

Arrancamos el estudio de esta síntesis histórica de la moda en el punto en que comienza a darse la interrelación entre las tres cuestiones a estudiar por quien va a ser un diseñador de producto de moda: la industria textil, la moda y el diseño de moda. Este momento histórico es la segunda mitad del siglo XIX. Estos ciento cincuenta años los dividiremos en varios períodos hasta llegar a la actualidad, con la aparición de los estilistas y, finalmente, después de 1983, la nueva concepción de la moda: el look, que incluye no sólo la indumentaria sino todos los complementos de moda y la completa apariencia personal, el cuerpo humano tanto vestido como desnudo. En cuanto al ámbito geográfico de este resumen histórico, nos referiremos especialmente a la Europa occidental y, en cortas alusiones, a los Estados Unidos y Japón.

1.3 Consideraciones generales en este estudio

Un diseñador de producto de moda tiene obligación no sólo de conocer la historia de ésta, también debe estar capacitado para comprenderla y reinterpretarla. Asumiendo este deber profesional, aquí no estamos haciendo precisamente un resumen histórico de cómo nos hemos vestido desde el inicio de nuestra civilización hasta hoy (historiadores son otros; nosotros no pretendemos escribir la historia), sino hacer una exposición crítica de la historia de la moda. Es decir, leyendo a los historiadores, nosotros intentamos no sólo conocer los hechos sino analizarlos buscando las causas de por qué ocurrieron y desglosando las consecuencias; nos interesa la evolución histórica de la indumentaria con sus propias implicaciones sociales de tipo ideológico, moral y estético. Este es nuestro postulado inicial, como queda dicho en el capítulo preliminar Vestirse, adornarse, transformarse.

Cada autor crítico que se implica en la historia de la moda lo hace dedicándose a uno, varios o todos los aspectos de la moda. El historiador contempla todos a la vez, porque la evolución en la indumentaria tiene aspectos geopolíticos, económicos e incluso religiosos. Al diseñador le interesan esos aspectos pero no le servirían de mucho si de este estudio excluyera el análisis de las indumentaria en sí misma, cada vestido, cada prenda, cada pieza y las modificaciones y transformaciones que en ella se dan a lo largo tal historia; y no solamente refiriéndose a la indumentaria, también a los complementos de ésta y lo que ésta significa en cuanto a la transformación de la apariencia del individuo que se viste.

La interpretación de la historia del vestido y de la moda es para el diseñador tan importante como la historia misma. Por esta razón, a la hora de una lectura de la historia, al diseñador le interesa más que a nadie conocer al historiador o al crítico, al autor; sus motivos a al escribir, sus razones de historiador o de analista son importantes cuestiones a tener en cuenta para poder contextualizar la materia estudiada. En resumen, diremos que hay una historia geopolítica del vestido y de la moda; una historia económica y social; una historia religiosa; una historia de la estética en la vestimenta. Y lo que más nos interesa recalcar: Que hay una historia de la moda propiamente dicha, desde que comienza la revolución industrial y aparece la sociedad de consumo, y otra que es la historia del precedente de la moda, que comienza con la desaparición de la pobreza medieval y al iniciarse la creación de riqueza en las naciones europeas de la Edad Moderna: la vestimenta es ya un signo de identidad, que irá evolucionando con el paso del tiempo y que se inscribe en los demás aspectos sociales de cultura, de arte y de relaciones sociales entre países, comunidades, clases sociales e individuos.

Puede decirse que Francia es el único país del mundo donde la moda forma parte de su historia. Christian Dior realiza el primer pase de modelos que se conoce en todo el mundo, el primer desfile de moda, y lanza la tendencia y línea de moda llamada New Look. La sociología de la moda en Francia requeriría un estudio de superioridad incomparable a lo que aquí podemos hacer. Sencillamente queremos dar someros apuntes, porque sí nos parecen importantes para entrar en la historia de la indumentaria y de la moda. Uno: los historiadores que nos convencen son los capaces de adoptar una visión global de la evolución de la indumentaria, considerando todos los factores que han intervenido en esa historia genuina de cambios que es ésta; y dos: que la indumentaria como tal nos interesa más que ninguna otra cosa, aunque no por eso la desliguemos de sus raíces en la política, la economía, el arte y la ideología y todo aquello que atañe al comportamiento del ser humano viviendo en sociedad. Es decir, somos diseñadores de producto de moda y vestimos y adornamos la ciudadanía de acuerdo a su comportamiento social; no a la inversa. No diseñamos costumbres sino que las vestimos.

Finalmente, puntualizando el capítulo que iniciamos ahora, estudiamos la historia de la indumentaria y de la moda para conocer cómo se vistió, se adornó y creó su propia apariencia cada una de las comunidades humanas y las personas en cada momento histórico que vivieron.

1. Introducción

A veces hay que ser extremadamente generosos en el estudio de la Historia para que ella nos conceda de su riqueza el don más preciado: Comprensión. Hay períodos en ella que incluso para los profanos resultan interesantes y hay otros que hasta para los estudiosos carecen de atractivo; pero, naturalmente, hay que juntarlos todos para que la historia de la Historia sea completa.

En lo relativo a el traje tal vez el personaje gigantesco de Isabel la Católica no tenga más que una pequeña significación en la realidad objetiva; en la ficción y en el mito es otra cosa, como veremos más adelante, pero no se le puede pasar por alto. Y no se trata de que vayamos a buscar donde sabemos que no hay sino de, en principio, medir las distancias y después estudiar lo que sí hay; y de lo que no hay por qué no. Tratándose de una tan gran dama deberíamos sospechar que su ropero seria enorme; sin embargo es bien reducido. ¿Por qué?

Este subcapítulo tiene como base documental gráfica el cuadro anónimo La Virgen de Los RR CC, que se conserva en el Museo del Prado.

La Reina Isabel La Católica. Fragmento de La Virgen de los Reyes Católicos, obra anónima de 1490. Óleo sobre tabla Madrid, Museo del Prado. Foto del museo.

2. Marco histórico

La Baja Edad Media termina el año 1453 con la caída de Bizancio en poder de los turcos, pero para la Historia de España algunos autores sitúan este límite al final del siglo XIV; es lógico: La historia de los Reyes Católicos no se puede medir en dos mitades, en dos historias distintas. Cuando Isabel muere en 1504, el Nuevo Mundo ya se conoce y las Españas son un estado moderno; para nosotros la Edad Moderna empieza aquí.

Los siglos XIV y XV configuran la parte transcendental de la Baja Edad Media en la Historia de España.

A principios del siglo XIII los reinos de León y Castilla quedan unidos en la corona de Fernando III El Santo. El rey que le sucede, Alfonso X El Sabio, lleva esta corona casi hasta final del siglo, 1284, y es en la cultura, mucho más que en la política, donde su reinado resultó decisivo. Las escuelas de investigadores y traductores que él fundó y mantuvo, en las que trabajaban sabios árabes, judíos y cristianos y a las que vinieron estudiosos de toda Europa, significaron que todo el acervo cultural de la antigüedad se archivara y no se perdiera. Visto desde hoy, conseguir tal cooperación cultural, tal ecumenismo resulta asombroso por su modernidad.

No solamente quedaba por terminar esa larga historia llamada Reconquista, cuya esperada conclusión mantenía todo entredicho; imposible adivinar qué ocurriría después y mientras tanto, puesto que continuaban las revueltas o de los nobles y empezaban las luchas dinásticas entre los grandes reinos de la península: Portugal, Castilla, Navarra y Aragón; las Españas eran una composición y descomposición permanente de reinos y heredades. Toda la Baja Edad Media se escribe en dos capítulos principales que son simultáneos entre si, uno de guerras y otro de casamientos, particularmente a partir de 1369 con la llegada de los Trastámara a la corona de Castilla y León.

El final del siglo XIV se sacude con el horror de la primera gran matanza de los judíos en España y el año 1391 puede ser considerado como una de esas fechas que marcan una nueva época. Al fanatismo por e l poder feudal, nobiliario y real se suma el fanatismo religioso que también necesita poder. Si en el año 1492 no se hubiera descubierto ese Nuevo Mundo, sin esa última salida triunfante, con la terrible persecución contra judíos y la tormentosa Inquisición, con la dominación árabe vencida, el saldo político de los Reyes Católicos, a pesar de los pesares, podría haber sido cero.

Pero volvamos al principio del siglo XV.

Juan II de Castilla, en su larguísimo reinado (lo fue desde niño y durante cincuenta años), quiso hacer valer su talante de hombre culto y su política conciliadora y de largo alcance pero no lo consiguió. Tal momento histórico prometió el máximo esplendor y sus protagonistas en todas las cortes bien se empeñaran en ostentar sus lujos y sus poderes; sin embargo, las pasiones llegaron a ser guerras fratricidas y dieron al traste con todo. En esta circunstancia de ruina, de odio, desastre y vergüenza, nace Isabel de Castilla, la Católica, un jueves santo 22 de abril de 1451, aunque las circunstancias propiciaron que ni siquiera tengamos su partida de nacimiento.

De la pena que daba vivir en aquellos días queda en nuestra literatura una expresiva constancia; son las Coplas-elegías que Jorge Manrique escribió a la muerte de su padre Don Rodrigo (1476), meditación sobre la nada de las cosas, el desprecio a la vida y el poderlo de la muerte. Para este poeta castellano, la pérdida de su padre, e l conde, fue el centro de una angustiosa depresión.

Isabel de Castilla, cinco apuntes al principio de su historia:

1) Hija de una reina hermosa, Isabel de Portugal

Dios vos hizo sin enmienda

de gentil persona y cara

… cual Giotto no vos pintara

… Ilustre reina fermosa[1]

2) Nacida en Madrigal de las Altas Torres, en un modestísimo palacete de ladrillo y tapial.

Ni su partida de nacimiento ni su fe de bautismo existen hoy. No consta que su padre el Rey estuviera

presente en su nacimiento[2].

3) A los dos años de edad, su padres quedan ensangrentados con e l ajusticiamiento de su primer ministro-valido-privado, Don Álvaro de luna.

4) Su padre muere cuando ella apenas ha aprendido a hablar; tres años de edad. Su hermano preferido Alfonso, su compañero de juegos en la infancia, muere también pocos años después. Queda doblemente huérfana de afecto.

5) Enrique, su hermano mayor hereda el trono. Enrique tiene una hija, Juana, pero es desheredada (La Beltraneja) por no ser tenida como hija del rey. Isabel hereda el trono y será la última reina de Castilla y León. Su matrimonio con su primo Fernando de Aragón se celebra a escondidas, sin dispensa papal.

¿Cabe mayor cúmulo de adversidades y contradicciones en torno a su persona, para el principio de la historia de una reina que llegó a ser lo que fue?

Cuando Isabel asume la pretensión de ser reina tiene que enfrentarse a casi todo, porque incluso sus más poderosos partidarios, sus pretendientes, no la prestan un apoyo para ella sino que la pretenden ambicionando su corona. Esto es aplicable hasta para el pretendiente con quien se casa, cuestión que ella da por zanjada de forma bastante unilateral en el mismo día de su proclamación como reina.

Suele ocurrir que grandes personajes históricos su aspecto político y su aspecto privado ofrecen dos personalidades distintas, como perteneciendo a dos diferentes personas, pero en el caso de Isabel la Católica no es así; al menos no lo es desde su matrimonio.

3. El personaje

Si hubiera que elegir una sola palabra para definir el carácter de Isabel la Católica, diríamos que ella era obstinada. En un estudio tan modesto como este, sería demasiado pretencioso querer exponer con rigor las múltiples facetas de esta obstinación; pero nos hacemos una idea de su labor política, porque es lo que define su vida. Describimos en muy grandes rasgos qué fue esta labor.

En primer lugar, asegurar su ascensión al trono, en los años que van desde su matrimonio hasta la muerte del rey, su hermano Enrique IV.

Desde el principio del reinado, superar la crisis feudal, creando un orden social nuevo en el estado que ya se llamará solamente Castilla.

Le añade a esta unidad política otra unidad: religiosa; a base de sangre y fuego, como es bien sabido, lo que la llevó a ser la Muy Católica Reyna. Pero no puede negarse que ésta era la garantía para sostener la nueva situación.

Organización de la hacienda del reino: institución de impuesto de estado y su recaudación. Ensayo y puesta en marcha de los primeros presupuestos nacionales, empeño este que no se da por logrado sino al final de su vida de reina.

Si a todo lo anterior se añade que la reconquista de la península se consuma solamente doce años antes de su muerte y que la unificación de todos los reinos de los que iba a ser España se logra cuando ella ya ha muerto, podemos comprender la ingente tarea política que Isabel llevó a cabo en sus 36 años de reina.

Parece difícil imaginar que a esta señora le quedara algún tiempo para dedicarlo a sus cuidados personales.

Pero hay otra cuestión fundamental: la suya era una corte ambulante.

Tomamos como referencia una etapa de diez meses, que van del junio del 1478 a marzo del 79. Una etapa que obligatoriamente tendría que haber sido tranquila, porque es el tiempo en que viene al mundo quien debiera haber sido su heredero, el príncipe Juan. Y nada más lejos de la tranquilidad. Ese verano lo pasa la reina en Sevilla, donde da a luz a la vez que arden las primeras llamas de la Inquisición y que son los días más crueles y dolorosos la reina Católica. En octubre se traslada a Córdoba y en noviembre está ya en Trujillo, Cáceres; después viaja a Medellín, Mérida, Montánchez, y vuelta a Trujillo. Para tratar la paz con Portugal, se acerca a la frontera, llegando a Alcántara a mediados de Marzo. Reina que vivía a lomos de una caballería, ¿cómo podía vestir? Si a esto añadimos que en cuanto a alojamiento andaban más o menos de prestado[1], ¿cómo es posible vestir bien viajando constantemente y con escaso equipaje?

[1] Los Alcázares sevillanos pertenecían ya a la Corona, pero las estancias durante los viajes eran propiedades de los nobles partidarios de la reina.

4. Generalidades sobre su vestuario

La cuestión de la fortuna personal con que contaba la reina es imprescindible que la tengamos en cuenta. Puede decirse que la mayor riqueza que disfrutó fue la dote recibida de su rico suegro, Juan II de Aragón. Pero ni en esto tiene suerte. Aunque la boda sea la mejor ocasión que tiene para lucirse una novia, Isabel (después de rechazar a varios pretendientes), al casarse con su primo Fernando, tiene que hacerlo a escondidas, en casa de sus amigos los Vivero de Valladolid (porque no tiene aun la dispensa papal), en ausencia de su hermano el rey y en contra de su voluntad, y en ausencia también de sus padres hace años fallecidos. ¿Puede haber boda más deslucida y descompuesta para una joven promesa de reina?

La descalificación más cruel que la mala fama le ha venido dando a doña Isabel es que era “un desastre de mujer”[1].

Sin embargo, para una señora tan indecente como dicen, sencillamente resultaría imposible realizar las proezas políticas y diplomáticas que ella realizó. No fue sólo la pura política y el ejercicio de poder lo suyo; supo conseguir además el mayor de los éxitos diplomáticos de aquella época: Poner al sumo Pontífice de su parte.

Para ser objetivos hay que descartar la nefasta influencia de los cronistas de la época. Isabel, podemos estar seguros, ni anduvo sucia por la vida ni se vistió con los escudos de todos los reinos ni con demasiados oropeles. Hay que tomar en justa medida la constancia documental.

5. Prendas femeninas más usuales en la España de los Reyes Católicos

a. Prendas más interiores: la camisa y las calzas

a.1 Camisas

Por influencia árabe, camisa labrada, bordada con pasamanería superpuesta. Las camisas listadas se adornaban con cintas de diversos colores cosidas a la tela y las escacadas llevaban adornos ajedrezados. La camisa se veía en el exterior por las mangas.

Aparecen, por evolución, distintos tipos de mangas:

a) Mangas abullonadas: La costura del codo se cerraba en varios puntos con cintillas dejando ver la camisa en bullones.

b) Mangas abiertas transversalmente, bien en la sisa o en el codo. A través del cordaje de unión se veía la camisa.

c) Manguitos: al reducir la parte superior de las mangas quedaban los manguitos atados por cintas.

d) Mangas con bocas amplísimas que colgaban lateralmente.

e) Mangas mucho más largas que los brazos que cubrían.

a.2 Calzas.

Cubrían las piernas y el cuerpo hasta la cintura. Podían ser: a) a la usanza occidental, de paño fino y ajustadas; b) a la manera mora, de fino lienzo, anchas, plegadas y arrugadas.

b) Corpiños y faldetas

b.1 Corpiño

Sobre la camisa se ponían un corpiño ajustado, normalmente sin mangas, llamado también cos o corpezuelo.

b.2 Faldetas

Faldas interiores que quedaban parcial o totalmente ocultas por los demás vestidos; se lucían cuando las mujeres llevaban recogida la falda del vestido.

b3 Prendas para vestir el cuerpo.

a) Un conjunto muy utilizado era el formado por un cuerpo (gonete o sayuelo) que llegaba por debajo de, la cintura, y una falda llamada vasquiña.

b) Existían también trajes ajustados que marcaban l a cintura e iban forrados de lienzo para conseguir tersura. Se llamaban sayas y briales; en Aragón a la saya se la llamaba gonela.

c) Los vestidos plegados estuvieron de moda en Europa hasta mediado el siglo XV. Tenían una serie de pliegues en forma regular sin que se conozcan los métodos para obtenerlos. En España se convirtieron en característicos del tercer cuarto de siglo.

d) Otro traje, de influencia francesa, llevaba un escote de pico con un reborde, tira de piel o terciopelo, y se ceñía con una faja que marcaba el talle más bien alto.

e) Los sayos moriscos femeninos estaban hechos con dos telas distintas que combinaban, haciendo medio sayo de una y medio sayo de otra, o combinando jirones alternados cosidos unos a otros; solían ser combinaciones de brocado con otra tela.

f) Y por último, lo verdugos. Inventados por Juana de Portugal, esposa de Enrique IV, para disimular su estado de buena esperanza (madre de Juana “la Beltraneja” qué se supone no era hija de su marido). Eran aros de mimbre que se cosían en la parte exterior de la falda, recubriéndolos con una tela contrastada por color y/o textura con ella; así eran también elementos de adorno. Pronto aparecieron los verdugos de tela que eran más flexibles y se solían llevar en las faldillas interiores, con un traje abierto encima. A finales del siglo XV desaparecerían para reaparecer como verdugado, en el reinado de Carlos V.

b4. Los trajes de encima

Solían llevarse encima de las prendas anteriores. Eran holgados, sin costura en la cintura y por lo general se llevaban sueltos y despegados del cuerpo.

Existían dos familias de trajes de encima:

Familia A

Hábito, largo, cerrado y vueludo.

Monjil, como el hábito, pero más corto.

Ropa, abierto de arriba a abajo, bien delante, bien en los costados, bien en ambas partes a la vez.

La cota, que no tenía mangas.

Familia B

Loba, capuz y el tabardo. Estos tenían aberturas laterales para sacar los brazos y si alguno tenía mangas eran perdidas, pendientes de los hombros y no cubrían los brazos.

b5. Los mantos

Estos han sido un rasgo típico del traje medieval español.

Dos tipos deben ser destacados por su carácter original:

a) Los mantos con una sola manera o abertura para el brazo. Estaban cortados en forma de capa o de segmento de círculo y cubriendo ambos hombros o colocados de modo que dejaban uno de ellos al descubierto.

b) Las mantillas de aletas. Formados por tres paños, uno ancho que cubría la espalda y dos estrechos que formaban los delanteros. Una prenda similar, pero en corto, se llevaba durante la primera mitad del siglo XV y se llamaba mantonet en Cataluña y mantolina en Castilla. Mantilla era el nombre de un manto femenino rico que podía ser de aletas o paños.

b6. Tocados

a) Tocas. Consistían en una pieza de holanda, lienzo o seda, cortada de forma sencilla, que recibía un hombre diferente según el material.

b) Alharemes y almaizares. Los cristianos españoles adoptaron las tocas moras que consistían en una pieza de tela larga y estrecha que se enrollaba a la cabeza o a una especie de rosca encajada en ella. Los alharemes eran de telas de lino blancas o amarillentas; mientras que los almaizares se hacían de sedas de diversos colores. Se utilizaban en los viajes con uno o dos extremos colgando para taparse el rostro.

c) Cofias y albanegas. Se hacían de tela, de red o de ambas.

d) Tranzado. Era una cofia con una larga cola dentro de la cual se metía el pelo recogido en una sola trenza. Se hacia de holanda y podía bordarse en seda. En torno a la cola se enrollaban o entrecruzaban cintas.

e) Cuernos. Eran tocados en forma de dos protuberancias redondas o muy afiladas, adornadas con velos y de influencia francesa.

f) Tocados de rollo. También de influencia francesa, consistían en un rodete relleno y forrado de tela.

g) Bonetes. Tocados altos que podían ser apuntados o troncocónicos.

h) Finalmente, las mujeres utilizaron también el sombrero, tocado con copa y ala, pero solamente cuando iban de viaje.

b7. El calzado.

a) Calzados de cuero que cubrían solamente el pié: zapatos, zapatas y servillas. Estas últimas se hacían con pieles finas y muy flexibles.

b) Calzados que cubrían el pie y parte de la pierna: Borceguíes, que eran de cueros finos, teñidos de vistosos colores, y se utilizaban conjuntamente con las servillas.

c) Calzados de gran suela de corcho: alcorques, chapines y zuecos. Hacían crecer en estatura a las damas y solían estar profusamente adornados con plata y oro. Junto con otras modas españolas, pasarían a la Italia del Renacimiento y desde allí a otros países de Europa en el siglo XVI.

6. Leyes suntuarias en la época de los Reyes Católicos

En estos tiempos fue generalizado el afán de la gente por vestir telas de seda, de forma que para contener el gasto excesivo y para demarcar las distintas categorías sociales se sucedieron las leyes suntuarias. Los Reyes Católicos promulgaron varias pragmáticas al respecto.

El 2 de septiembre de 1494, en Segovia.
El 30 de octubre de 1499, en Granada.
El 28 de enero y el 6 de junio de 1500, en Sevilla.
Otra, ya muerta Isabel, en 1515.

A lo largo del Capítulo 1 hablaremos varias veces de las leyes suntuarias. En estas pragmáticas domina un estrecho criterio en el que se llega a hacer imposible usar lo poco que existía de riqueza nacional. La pragmática de 1499 hace prohibiciones al tiempo que algunas concesiones: Los caballeros podían llevar toda la seda y el oro que quisieran, pero sólo cuando fueran armados. Las familias que mantenían caballo podían usar alguna prenda totalmente hecha de seda y guarniciones de ella en las ropas de paño. Otra excepción son los maestres capitanes de naos, que podían usar seda si cabalgaban a caballo pero no si lo hacían en otra bestia no tan noble.
Todo esto trajo problemas con determinadas regiones como Zamora, Asturias y Vizcaya, ya que estas prohibiciones iban contra adornos tradicionales y antiguos de la región. Esto fue corregido en enero de 1500 a través de una carta a los procuradores del reino.

En 1506 estos mismos procuradores, reunidos en Valladolid, hicieron una propuesta de modificación que no fue atendida y que distinguía cinco categorías de diferenciación por la riqueza del traje:

Los grandes de título.
Los caballeros señores de vasallos, los regidores de Ciudades y villas y los doctores.
Los mercaderes y hombres honrados que tuvieran trescientos mil maravedíes de caudal.
Escuderos con caballo.
Mestre de naos y contramaestres.
Los oficiales artesanos.
Los labradores.

Para los grandes se pide sedas sin restricciones y para los labradores paños bastos.

En la pragmática de 1515 se suprimen las concesiones especiales para los que tenían caballo y se hacen disposiciones para los oficiales, menestrales de mano, obreros y labradores.

Anteriormente, fray Hernando de Talavera, confesor de la Reina, en 1477 hizo una detallada y cáustica crítica sobre el vestir de la época, de la que extractamos lo siguiente: Es pecar vestir muchas prendas a la vez o en tamaño y longitudes diferentes. V. gr.: jubón, sayo y balandrán y camarro y capuz; manto, bonete y sombrero; tres faldetas y saya brial; sobresana y faja y cintero y ropa; mangas de más de una vara de alto; chapines de un codo de alto… También es pecar tener mucha ropa y mudarse a diario por apetito de vestir demasiado. Demuestra que el exceso es pecado de soberbia contrario a la humildad… Buscar mil maneras y novedades en el traje, con distintos colores al que da la lana natural, es vanidad: jubones de  fustán, seda, paño, e incluso brocado; mangas de distinta manera, enteras, trenzadas, cerradas, abiertas; pellotes, aljubillas, sayos, sayuelas con muchos pliegues en las caderas, contra la composición de los varones; bonetes dobaldos, sanos o hendidos, morados, bermejos, verdes,…. Habla sobre los excesos femeninos, desde los cabellos azufrados a las diademas y tranzados muy vistosos,… y se ponen bonete sin vergüenza en su cara… Con verdugos parecen las mujeres focas marinas… Por muchos de estos motivos merecen las mujeres pena de excomunión. Además de darnos la evidencia de cómo le caían las mujeres, no deja nada que no sea pecado, a no ser por agradar al marido, cuando entonces es no más que pecado venial.

7. Análisis iconográfico del cuadro La Virgen de Los Reyes Católicos

Analizamos la vestimenta de la reina Isabel y de su hija la infanta Juana de Castilla.
Isabel lleva un tabardo (ropa de encima) cuyo escote de ángulos obtusos tiene un reborde contrastado en color y material y profusamente decorado. Esta prenda abre por delante hasta, parece, la altura de la cintura, donde posiblemente se ciñe con un cinturón; las mangas son pendientes y abiertas de arriba a abajo. Lleva un brial de terciopelo adamascado con motivos italianos o moriscos realizados en oro. Las mangas de la camisa aparecen abullonadas por manguitos así mismo bordado en materiales preciosos. Un gran collar de filigrana de oro adorna su escote sucediendo a los bordes del vestido. Sin duda la reina luce este collar por representar en el cuadro una composición ceremonial a la que asiste su tan querida hija doña Juana. Hay en el collar un pendentif grande en el que destaca una gran piedra verde, ágata, tal vez, o malaquita. En cuanto al peinado es un estilo a la italiana, tipo paje, con flequillo, rematado con una corona real.
La infanta Juana viste un tabardo bermellón con aberturas laterales, formando las mangas, y otra abertura en la parte trasera que llega hasta la cintura. Va forrado de una seda blanca adamascada y con ribetes en forma de galón bordados en oro al igual que el de la reina. El escote es así mismo trapezoidal, con un ancho vivo bordado de pedrería. Se ajusta mediante un cinturón de seda blanca, marcando el talle alto. El brial interior, de brocado anaranjado, lleva las mangas abiertas por la sangría de codo, atadas con cintillas separadas y dejando asomar la camisa en bullones. El peinado de la infanta es de tranzada de fino lienzo blanco, posiblemente holanda, sin el característico cordaje que solía acompañar este tocado.
Ver el cuadro completo en alta resolución edicón en disco o a descargarLa Virgen de los Reyes Católicos, fragmento. Obra anónima de 1490. Óleo sobre tabla. Madrid, Museo del Prado. Foto del museo.

BIBLIOGRAFÍA
Historia general de España, Espasa Calpe.
Mujeres españolas, Salvador de Madariaga, Austral.
Cristóbal Colon, Salvador de Madariaga, Espasa-Calpe.
Memorias de Cristóbal Colon, Stephen Marlowe, Mondadori.
Isabel la Católica, Tarsicio de Azcona, Sarpe.
El vestido en la época de los RR CC, Vol. I, El traje femenino, Germán Vernís.
Trajes civiles y militares en los días de los RR CC, Narciso Centenach, Boletín de la Sociedad Española de Excursiones.
Breve historia del traje y de la moda, J. Laver, Ensayos Arte Cátedra.

La historia de la moda continua con
Indumentaria del siglo XVI

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~ por chulavistadigital en 4 julio 2009.

Una respuesta to “La historia de la moda. El traje de los Reyes Católicos, el Siglo XV”

  1. la moda nunca pasa de moda

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