La moda geek-chic llega con Harry Potter

•14 julio 2009 • Dejar un comentario

Con la explosión que ha causado Harry Potter con el estreno de su película, ya tenemos una tendencia llamada geek chic, que es aquella que describe a la chica que lleva prendas que la hagan lucir como toda una científica estudiosa pero a la vez, muy moderna y vanguardista. Por MODAELLAS

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Para verse como una chica geek hay que tener al menos las siguientes prendas en el clóset:

Un Jersey: Estos chalecos, posibles de llevar en toda época del año, son la prenda preferida de las chicas geek, simplemente porque se pueden combinar con todo y los hay de todos colores. Para las que trabajan es un indispensable.

Guardapolvo: Estos abrigos también llamados cortaviento, se usan durante la temporada de verano y primavera, protegiéndote del viento. Le puedes dar el toque geek añadiendo unos botones con la impresión de Batman. El cuello, llévalo siempre alto.

Corbata: Ayer hablamos de las corbatas femeninas. Este es el accesorio geek más cool de la temporada, no les debe faltar en sus diferentes versiones.

Lentes de contacto: Pueden llevar sus tradicionales lentes pero no olviden unos lentes de contacto, ojala de color.

Bolso: Un bolso que te cuelgue al hombro y llegue a la cadera es indispensable para completar el look geek. Allí puedes llevar tus historietas, tu portátil, teléfono y mucho más.

Moda de 1850 a 1870. El nacimiento de la alta costura.

•12 julio 2009 • Dejar un comentario

1.1 PRIMER PERÍODO (1850-1870) 1.1. El desarrollo industrial en el textil. 1.2 Charles Frédéric Worth: Nacimiento de La Alta Costura. Los primeros profesionales y la iniciación de la moda como industria. 1.3 La crinolina: primera moda francesa. La prensa de moda y las escuelas de moda. 1.4 La moda masculina.

1. PRIMER PERÍODO (de 1850 a 1870)

Este período está marcado por el despegue industrial de Europa. A mediados del siglo XIX el viejo continente se bate en varios frentes de guerra: Crimea, Austria y Prusia, Italia y Austria. Dos países europeos, Inglaterra y Francia, que permanecen neutrales y en paz, viven el triunfo de una nueva clase social: la burguesía.

  • Para 1850 ya ha sido superada la pobreza con que finalizara el siglo XVIII y las revoluciones de izquierdas culminan en el sufragio universal de la Segunda República Francesa (Louis Napoleón Bonaparte, 1848-1852); este hecho democrático perdura en el segundo Imperio (Napoleón III, 1852-1870) y es una larga etapa de prosperidad para Francia.

  • La finalización de grandes vías de comunicación y el adelanto en los medios de transporte el ferrocarril, sobre todo, y el barco de vapor le permiten a Europa progresar en la importación de productos para vestir, y esto influye doblemente en la indumentaria: por un lado la lana se compra en países donde el ganado lanar es más abundante y más barato y, por otro, el cultivo del lino se desplaza hacia el Este.

  • Al aumento en la importación de la lana se suman el de la seda y el algodón, que ya se pueden manufacturar mejor y en mayor abundancia en esas nuevas factorías textiles.

  • De 1861 a 1871 Inglaterra compra aproximadamente un 70% de todo el algodón que se cultiva en América del Norte.

  • Comienzan, a su vez, a exportarse los productos textiles transformados en Europa.

El tipo de gabán francés llamado paletot (que en España se decía usaba el Rey Fernando VII), que se diferencia del levitón porque no tiene faldas y que se parece también a una chaqueta corta. La prenda está confeccionada en lana negra y lleva forro de seda china negra. Foto catálogo-ventas VINTAGE

El desarrollo industrial europeo es tan sobresaliente que hizo exclamar en la época: los grandes talleres del mundo están en Europa. Y este despegue industrial, unido al predominio de la burguesía como poder económico (financiero: el capitalismo de negocios), trae como consecuencia la aparición de un estrato social amplio que se aparta de la pobreza y cuenta ya con recursos económicos propios: la clase media, aquella población que va a ser el destinatario gran consumidor de la mayor parte del producto industrial y de lo que en el siglo XX vamos a llamar producto de moda.

1.1. El desarrollo industrial en el textil

o La mecanización aumenta y mejora notablemente la industria textil.
o Se incorpora el motor a los telares y se pasa de 400 a 1200 brochas por telar.
o La velocidad de lanzadera es muy superior a la del telar manual.
o Aumenta el ancho de telar.
o Los tejidos se fabrican más finos y las telas con cierta elegancia comienzan a ser abundantes y variadas.
o En la tintura de telas los colorantes naturales van a ser desplazados por los artificiales, que resultan más baratos y más resistentes.
o En 1851, en Schoenenwerd, Bally inicia la fabricación industrial de calzado.
o La máquina de coser de Singer es conocida y premiada en la Exposición Universal de París de 1855. Ello hace no sólo que la Singer se popularice sino que, esto es lo más importante, aparezca la máquina de coser industrial.
o La costura mecánica, en vez del cosido manual, es decisiva en el nacimiento y desarrollo definitivo de la moda

1.2 Nacimiento de La Alta Costura

Los primeros profesionales
La iniciación de la moda como industria

MITAD DE 1800: inicio del desarrollo definitivo de la moda

Es opinión generalizada en Francia que sus valores espirituales de la creación y del buen gusto son lo que acaba definitivamente con la rivalidad histórica entre Inglaterra y Francia, que se hace notoria entre las dos exposiciones universales de Londres y París (1851 y 1855). La Exposición de París de 1855 subraya la importancia del elemento estético frente al económico-industrial que privaba entre los ingleses. Lo cierto es que ese espíritu francés, creativo y elegante, lleva a Charles-Frédéric Worth, con el socio sueco Boberg, en 1858, a abrir en París la primera casa de modas, creando los fundamentos de la Alta Costura, a la par que se organiza y desarrolla la industria confección. Estas innovaciones se propagan rápidamente por toda Europa, pero queda París consagrada como cuna de la Alta Costura y como centro universal de la moda. La moda francesa va a ser sinónimo de moda en general.

Es opinión generalizada en Francia que sus valores espirituales de la creación y del buen gusto son lo que acaba definitivamente con la rivalidad histórica entre Inglaterra y Francia, que se hace notoria entre las dos exposiciones universales de Londres y París (1851 y 1855). La Exposición de París de 1855 subraya la importancia del elemento estético frente al económico-industrial que privaba entre los ingleses. Lo cierto es que ese espíritu francés, creativo y elegante, lleva a Charles-Frédéric Worth, con el socio sueco Boberg, en 1858, a abrir en París la primera casa de modas, creando los fundamentos de la Alta Costura, a la par que se organiza y desarrolla la industria confección. Estas innovaciones se propagan rápidamente por toda Europa, pero queda París consagrada como cuna de la Alta Costura y como centro universal de la moda. La moda francesa va a ser sinónimo de moda en general.

Charles Frederick Worth, Bourne, Lincolnshire, Inglaterra, 13 de octubre 1826 - Paris, 10 de marzo 1895.

Charles-Frédéric Worth abarca todo el primer tercio de esta moderna historia de la moda. Aprendiz, casi desde niño, su primer empleo profesional lo obtiene en París. A partir de contar con su establecimiento parisino, despoja a la vestimenta de sus características arcaicas: suprime el miriñaque y recoge las faldas por detrás, formando una cola, definiendo la silueta femenina. Apoyado desde el principio por la emperatriz Eugenia, terminó vistiendo a toda la realeza europea de su época, a actrices como Sarah Bernhardt y Eleonora Duse; sus muchas clientas distinguidas gozaban literalmente entregándose a la sastrería de su salón, tal vez intuyendo, por su parte, el protagonismo de una nueva forma de vestir. Como inventor o pionero de moda, no cabe duda de su intuición para el diseño y su sensibilidad para las telas; cuestión, ésta última, que animó en gran medida la industria textil de Lyon y de toda Francia.

    • Dirección personalizada por un creativo.
    • Creación de colecciones de modelos para cada temporada del año.
    • Presentación de las colecciones sobre maniquíes vivientes.
  • Tres características de la empresa de Worth son las van a quedar como fundamentos básicos de una casa de modas:

    Queda profesionalizado el modista, que más tarde se va a llamar diseñador.
    Queda estructurada la moda para las dos temporadas anuales en la vestimenta: primavera-verano y otoño-invierno.
    Queda institucionalizada la pasarela para la presentación de las colecciones, la show room y, en definitiva, la casa de modas.


Vestido de fiesta en seda de Lyon, con adornos de flores;
y vestido de calle, en brocado.

El ejemplo de Worth es seguido inmediatamente por otros pioneros en toda Europa.Pero la importancia de que la moda comience a ser una actividad industrial va a repercutir no sólo en el textil sino en otros sectores que el fenómeno moda cambia sustancialmente; así nace la moderna industria de la joyería, la ya citada del calzado, la peletería, que pronto se integrará en la alta costura, y la perfumería, que con el tiempo ha alcanzado una importancia por entonces ni siquiera sospechada.De esa época datan marcas prestigiosas que aún perviven: Guerlain en perfumes, Cartier en joyería y Revillon en peletería.

Esta primera industria de moda está destinada a una clientela de lujo, que el segundo Imperio no sólo encumbra a lo más alto sino que lo asienta como parte esencial de la vida de sociedad en París.

Indumentaria del siglo XVIII: importancia de la ciencia, industria y comercio

•10 julio 2009 • 2 comentarios

1. Panorama político y social del siglo XVII. 2. La nueva cultura en la Europa Occidental. 3. La importancia de la ciencia, la industria y el comercio de los tejidos. 4. Síntesis de moda

18th century lady's waistcoat

Chaleco femenino, c. 1770, confeccionado en brocado de seda trenzada; el trasero y las cintas de sujección en seda shantung; el forro en lino. Destacan los finos bordados de seda sobre el color melocotón de la misma trenzada. Esta rara prenda, con forma de corsé exterior, podían vestirlo las damas bajo un vestido a la inglesa, para rellenar el delantero cuando montaban a caballo. Desde luego se trata de una prenda tomada del guardarropa masculino de la época. Foto catálogo-ventas VINTAGE-textile.

Federal period waistcoat

Chaleco de caballero, c. 1790-1805, aparecido en una subasta en Nueva Inglaterra, pudo ser confeccionado en Ingalterra o en América con género importado. Bordado (por supuesto, a mano) sobre satén de seda negra y forro de lino color beige.; el trasero en el mismo lino del forro; botones forrados en seda y bolsillos de tapas.  Foto catálogo-ventas VINTAGE-textile -VER MAS INFO

1. Panorama político y social del siglo XVII

El día 1 de noviembre del año 1700 muere Carlos II, último de los Habsburgo que dirigió el imperio español. Las presiones en torno al rey muriendo son ciertamente novelescas, superando con mucho cualquier ambición política que se quiera imaginar. Varias veces las potencias europeas se reúnen para discutir cómo se repartirán los dominios del rey que está muriendo sin sucesión. Las presiones sobre la sucesión son tan absurdas que incluso el nuncio (embajador) del Papa lo acusa de endemoniado (hechizado, se dice) y lo exorciza. A pesar de eso el rey desfalleciente tiene la lucidez de decidir la mejor opción entre los herederos postulados: Felipe de Anjou, de la familia reinante en Francia. Al reinar Felipe de Anjou con el nombre de Felipe V, al Rey Sol se le plantean dos opciones contrapuestas: cumplir lo pactado anteriormente con demás potencias europeas o cumplir el testamento de Carlos II, y reeditar el imperio español, esta vez con Francia en la jefatura; su ministro Torcy dice: Si la guerra es inevitable, se hará para defender la cusa de la justicia, y la justicia es el testamento. Luis XIV, en el palacio de Versalles, proclama rey de España a su nieto duque de Anjou; es más, llega a reconocer los derechos sucesorios de Felipe a la corona francesa. La respuesta es inmediata: la gran Alianza de la Haya, fruto de la cual Francia y España, el abuelo y el nieto tienen que luchar solos contra Alemania, Inglaterra, Holanda, Dinamarca, Prusia, Portugal y Saboya. Se llega al tratado de Utrecht, que modifica sustancialmente el mapa político europeo y la correlación de fuerzas. La supremacía española se disuelve. Comienza la grandeza marítima de Inglaterra. Una última etapa del siglo es la independencia de los Estados Unidos, reequilibrando la balanza con un contrapeso un poco alejado de Europa.

2. La nueva cultura en la Europa Occidental

Al mismo tiempo, algo se modifica también en la dinámica de cambios de la sociedad europea.

Por una parte, en los países al oeste de Elba, orientados hacia el liberalismo, una burguesía libre y activa confirma su posición en el comercio y participa en el reciente crecimiento industrial. Al contrario, al este de Elba, la autoridad señorial limita los progresos sociales en las clases medias y bajas y los atasca en una situación feudal poco favorable a los cambios económicos.

Hay entonces una civilización que empieza a distinguirse no sólo como europea sino europea occidental, que se forma sobre las nuevas potencias marítimas. En la zona oriental, solamente pequeñas élites asimilarán estos cambios, aislando a las masas populares y excluyéndolos de los avances culturales. Es sobre todo pues gracias a corrientes intelectuales y espirituales como se harán los intercambios internacionales, y el traje, expresión del gusto y el refinamiento, se volverá uno de los medios de interrelación cultural entre los pueblos. Abajo del Elba, frontera cristiana e intelectual del pensamiento occidental, las modas cambiarán no solamente en los cortesanos y los nobles sino en todo el mundo: es así que es la sociedad y no sólo a ciertas clases sociales donde llegan los cambios en los modales, en la fantasía, en la búsqueda del placer, causas en fin que modifican nuestra forma de vestirnos; razón de más para que precisamente en esta época salga tan beneficiada la indumentaria femenina, mientras que el traje masculino había mantenido su preponderancia sobre el de la mujer hasta aquel tiempo.

3. La importancia de la ciencia, la industria y el comercio de los tejidos

En todo este capítulo dedicado a la historia de la moda hemos venido recalcando la importancia que el progreso de la industria el comercio inciden directamente en el desarrollo de la moda. Durante el siglo XVIII esto se acentúa de una forma tal que parece como si ambos factores lo hicieran a propósito.

En Inglaterra, las industrias del tejido se transforman rápida y completamente gracias al nuevo mercado que ofrecen las colonias españolas, a la abundante importación de algodón de la India y a la extensión de las factorías-sederías creadas al final del siglo anterior por los hugonotes exiliados de Francia.

La fabricación de los paños sigue siendo la base de la actividad británica; pero el algodón, que entra en gran cantidad a pesar de las limitaciones legales, abre a la industria un nuevo campo, mayor aún por el Tratado de París cediendo India a Inglaterra al final de la Guerra de Siete años.

Además nuevas invenciones están aumentando de manera muy notable la producción de los tejidos de todas las clases. Resumimos algunos inventos a continuación.

La nueva lanzadera volante (abajo) de John Kay en 1733, consigue aumentar considerablemente la velocidad de tejido. Ello provoca mayor demanda de hilos (y, por consiguiente, la subida de sus precios), empujando a inventar mejores máquinas de hilar.

La antigua tricotadora de Lee (que citamos en el subcapítulo anterior) es perfeccionada por Jedediah Strutt.14.000 máquinas de tricotar hay en 1750.

Samuel Crompton en 1775 construye la mula hiladora (su Spinning mule, también llamada Hiladora Hall-i’-th’-Wood, en recuerdo del pueblo donde vivía el inventor), que mejora mucho la Spinning Jenny.

Estas 4 ilustraciones proceden de Wikipedia y son publicadas bajo Licencia de documentación libre GNU

La Spinning-Frame, 1767. Richard Arkwright es un fabricante de pelucas que en 1762 contrata a John Kay y desarrollan una nueva máquina de tejer con tres juegos de rodillos apareados que giran a velocidades diferentes. Mientras estos rodillos producen un cabo de espesor correcto, otro juego de husos los juntos. La máquina pudo producir un hilo más fuerte y de mejor calidad que los producidos por la Spinning Jenny.

En 1785 se instala la primera máquina a vapor para mover un telar de algodón, ingenio inventado por el escocés James Watt sólo un año antes; ello da de por sí una idea suficiente de cuán importante era el textil para la industria en Inglaterra. Inmediatamente, tejedurías e hilaturas se desarrollan considerablemente en Manchester para el algodón, en Norwich para la lana y Coventry para la seda. Esta aparición de la mecanización implica una reducción de los precios de coste y los tejidos ingleses, por ser los más baratos, conquistan los mercados mundiales.

El auge del algodón tuvo una repercusión menos deseada: el tráfico de los esclavos. En efecto, los negreros de Liverpool transportaban cargamentos de algodón de la India o a través del Atlántico, de los nuevos Estados Unidos de América, donde el cultivo del algodón se daba ya desde el siglo XVII, de Virginia a la Carolina del sur, Georgia y la Louisiana. 45.000 esclavos negros se vendían al año en las plantaciones inglesas del Nuevo Mundo. Es precisamente este abastecimiento de mano de obra de África lo que permite proporcionar la materia prima a la gran industria del Lancashire.

Una de esas compensaciones que la Historia se da a sí misma ocurre entonces; y es que el gran auge del tejido de algodón, más barato y nada ostentoso, además de significar un revolución en el vestido tan grande como la de la seda en la Edad Media, produce también una suerte de democratización en Europa, en cuanto que suscita el gusto por lo sencillo: las telas al estilo hindú, los linones de algodón, las batistas, gasas y muselinas. También tenemos en cuenta que ello significa un duro golpe para la industria de la seda.

En las primeras décadas del siglo llegan también los grandes postulados científicos de Isaac Newton; y sus investigaciones sobre la luz y el color tienen una gran importancia en las técnicas del tintado que enseguida mejoran. Newton define los llamados colores primarios y después J. T. Mayer establece los principios químicos de estas mezclas, llegando a obtener 91 matices principales y 9.381 tonalidades de color discernibles por el ojo humano. Sobre estas bases entonces se buscaron las condiciones de fabricación de estos colores. Estas nuevas posibilidades de tonos compuestos, medias tintas y gamas ofrecían a los fabricantes de tejidos numerosas combinaciones de colores. Durante todo el siglo aparecen logros científicos de los que los tintoreros extraen aplicaciones prácticas. Berthollet descubre en 1791 el blanqueo mediante el cloro.

De estos adelantos, la vestimenta obtiene una gran variedad de colores, la decoración es más rica, el gusto más refinado.

4. Síntesis de moda del 1700 hasta 1850

La época es tan convulsa política y socialmente que seguir los avatares de la moda ligada a ella es un trabajo mucho más extenso del que podemos hacer aquí. Todos lo acaecido determina cambios en la indumentaria, algunos formalmente, con leyes que no cesan en su intento de modular los cambios, y otros con leyes no escritas, como fueron las guerras y la pobreza que éstas ocasionaron. La Revolución francesa, como insurrección que era por la libertad, debiera haber traído una libertad incuestionable en cuanto a la indumentaria, sin embargo era también una coacción contra ciertas costumbres de moda. En todo caso, se da una incesante sucesión de cambios que, vistos desde hoy, parecen de verdadero furor. Si algo se puede extraer con certeza de esta larga etapa es que el individuo, y no una clase social o la corte, toma por fin como iniciativa propia modificar su indumentaria. Ésta cuestión es precisamente la que constituye un último y definitivo precedente de moda.

Bajo el reinado de Luis XVI de Francia (1643-1715) y durante la Guerra de los Treinta Años, en la indumentaria destaca precisamente la falta de uniformidad, que hacía ver un vestuario distinto de una ciudad a la otra que le era vecina. Por destacar algo en contra, cabe recordar la prepotencia de las Leyes de Indumentaria dictadas por la corte de Versalles y cómo se esfuerza París por difundir su moda hacia el resto de Europa.

Le sucede un período de Regencia (1715-1730) y la llegada del joven rey Luis XV, que prácticamente desmontan el rigor del protocolo versallesco. La consecuencia más notable es que el carácter ceremonioso de la indumentaria cede el paso a una neta frivolidad. Vestidos más finos y ligeros, unidos a fuerte influencia de lo oriental.

Aparece la falda de amplísimo vuelo soportado por una armadura de ballenas (extraída en verdad de la ballena) que forma la llamada cesta. Hasta 1780 las faldas son exageradamente amplias. Su incomodidad está ya en desuso a finales del siglo (la Revolución francesa).

Al movimiento artístico del Barroco sucede del Rococó (1730-1789). La vestimenta reaviva un tono excesivamente aristocrática, por un lado, y militarista por otro.

El Rococó recarga de adornos los vestidos y busca acentuar un erotismo nuevo y muy pujante. La seda recobra su interés como tejido que acentúa la decoración. Faldas voluminosas y busto muy ajustado. El corsé es la prenda más de moda. El estilo rococó podría ser la única uniformidad de vestimenta que se da en toda Europa.

La burguesía, que ya es una calase social definitivamente asentada, determina una vestimenta diferenciada para cada uno de los gremios profesionales: los artesanos importantes, los banqueros, los comerciantes, los hombres de leyes, se distinguen por su indumentaria característica, adaptada a su oficio. El final del Rococó es la Revolución francesa.

Las prendas se hacen más cómodas y prácticas; las modas que sobreviven del antiguo régimen se han simplificado. La sociedad modifica sus relaciones intersexuales. Todo es fruto también de la culminación de la revolución industrial inglesa y los cambios económicos que ello supone. Pero es de notar que pierde más ornamentación el traje del hombre que el de la mujer, en el que se descubren los senos y destacan cada vez más.

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Arriba: Vestido en damasco de seda, con cintas de seda. Catalunya 1735-1740. Corsé bajo el vestido, marcando el busto y alzando los senos. Col. M. Rocamora; Museo Textil y de la Indumentaria de Barcelona. Foto © Quim Puyol – EDYM, Es. 2009.

Abajo: Corsés, Catalunya 1750-1800. Estructura hecha con varillas de caña, ballenas o bien metálico, forrados con tejidos labrados en seda. Destinado a darle una forma especial y concreta al torso de la mujer, comprimiendo la cintura y elevando los senos.

En todo este capítulo dedicado a la historia de la moda hemos venido recalcando la importancia que el progreso de la industria el comercio inciden directamente en el desarrollo de la moda. Durante el siglo XVIII esto se acentúa de una forma tal que parece como si ambos factores lo hicieran a propósito.

En Inglaterra, las industrias del tejido se transforman rápida y completamente gracias al nuevo mercado que ofrecen las colonias españolas, a la abundante importación de algodón de la India y a la extensión de las factorías-sederías creadas al final del siglo anterior por los hugonotes exiliados de Francia.

La fabricación de los paños sigue siendo la base de la actividad británica; pero el algodón, que entra en gran cantidad a pesar de las limitaciones legales, abre a la industria un nuevo campo, mayor aún por el Tratado de París cediendo India a Inglaterra al final de la Guerra de Siete años.

Además nuevas invenciones están aumentando de manera muy notable la producción de los tejidos de todas las clases. Resumimos algunos inventos a continuación.

Catalunya, 1715-1718, vestido en terciopelo de seda, bordado en oro y plata. Museo Textil y de la Indumentaria de Barcelona, Col. M. Rocamora. Foto © Quim Puyol – EDYM, Es. 2009

Tres tipos de vestidos en tres estilos, identificados con tres países diferentes.

En la foto superior: a) En el lado izquierdo de la foto, vestido a la polonesa acanalado listado y espolinado de sea, felpilla y metal, bordado en seda y metal, encaje de pita (Catalunya, 1780-1785). Amplía la parte trasera del vestido, desde la espalda. b) En el lado derecho de la foto, vestido a la francesa, acanalado y espolinado de seda, bordado en seda y metal, encaje metálico, también alargado con la cola (España, 1755-1760).

En la foto Izda.: Vestido a la inglesa (París,1780-1790) en tafetán de algodón estampado. Retoca el torso, más estilizado aquí, y amplía las caderas, como en los modelos anteriores.  Museo Textil y de la Indumentaria de Barcelona, Col. M. Rocamora.


Fo

Barcelona, 1789-1800. Vestido de algodón, bordado en seda e hilos dorados. Museo Textil y de la Indumentaria de Barcelona, Col. Colette Bergés. Barcelona, 1795-1800. Vestido y spencer. Vestido en batista de algodón bordada de lentejuelas, pasamanería de metal; spencer en raso de seda bordado con lentejuelas.

Catalunya, finales del XVIII,  vestido en batista de algodón bordada. Museo Textil y de la Indumentaria de Barcelona, Col. familia Forn-Homs.

Abajo: Catalunya, hacia 1820. Izda. de la foto: Vestido: lampazo de seda, tul y batista de algodón bordada. Dcha.: Raso labrado de seda y cinta de raso de seda con relleno. Museo Textil y de la Indumentaria de Barcelona, Col. Rocamora. Foto © Quim Puyol – EDYM, Es. 2009

España, 1830-1835. Raso de seda estampado, encaje de algodón. Torso y cintura marcados por el corsé que viste la dama, con varias enaguas superpuestas bajo el vestido.. Mangas que nacen ajustadas y hacen una ampliación exagerada desde el codo. En el video podemos ver la extraordinaria calidad del estampado sobre la seda, con la durabilidad de colorantes que aún se aprecia después de más de 150 años. Museo Textil y de la Indumentaria de Barcelona, Col. M. Rocamora. Foto © Quim Puyol – EDYM, Es. 2009.

Francia, 1830-1835. Vestido y pañuelo sobre los hombros, en tafetán de algodón estampado. al contrario que el vestido español, aquí están ampliadas las mangas en la parte superior y más ajustadas desde el codo. En el video puede observarse la fina ornamentación que ha sido estampada sobre toda la pieza de algodón en que se ha confeccionado este vestido. Museo Textil y de la Indumentaria de Barcelona, Col. M. Rocamora. Foto © Quim Puyol – EDYM, Es. 2009.

Arriba: En el lado izquierdo de la foto, Francia, 1825-1830, vestido en tafetán de seda. En el lado derecho de la foto, Catalunya, 1835, vestido en tafetán listado de seda. Museo Textil y de la Indumentaria de Barcelona, Col. M. Rocamora. Foto © Quim Puyol – EDYM, Es. 2009. Abajo: Video resumen de Moda Imperio

Con la moda imperio (1804 -1815) el vestido pierde el volumen de la crinolina pero en muchos casos una cola lo alarga por detrás.

La silueta rectilínea se alarga mediante esa cola del vestido.

Telas transparentes muestran el cuerpo; se destapan los brazos, produciendo el efecto de alargamiento (contrario a las mangas anchas y/o abullonadas).

La cintura se desplaza hacia arriba y se marca bajo el pecho.

El escote se mantiene en los vestidos de fiesta pero se reduce en el vestuario común. Indudablemente, la corte napoleónica está de moda y sus fiestas en París son el gran escaparate.

Aparece el pantalón largo, para los caballeros.

BIBLIOGRAFÍA
Historia general de España, Espasa Calpe.
Mujeres españolas, Salvador de Madariaga, Austral.
Cristóbal Colon, Salvador de Madariaga, Espasa-Calpe.
Memorias de Cristóbal Colon, Stephen Marlowe, Mondadori.
Isabel la Católica, Tarsicio de Azcona, Sarpe.
El vestido en la época de los RR CC, Vol. I, El traje femenino, Germán Vernís.
Trajes civiles y militares en los días de los RR CC, Narciso Centenach, Boletín de la Sociedad Española de Excursiones.
Histoire du costume, François Boucher, Flammarion, Paris, 1983
Breve historia del traje y de la moda, J. Laver, Ensayos Arte Cátedra.

Moda imperio y masculina del Siglo XVIII y XIX

•10 julio 2009 • 4 comentarios

Con la moda imperio (1804 -1815) el vestido pierde el volumen de la crinolina pero en muchos casos una cola lo alarga por detrás.

La silueta rectilínea se alarga mediante esa cola del vestido.

Telas transparentes muestran el cuerpo; se destapan los brazos, produciendo el efecto de alargamiento (contrario a las mangas anchas y/o abullonadas).

La cintura se desplaza hacia arriba y se marca bajo el pecho.

El escote se mantiene en los vestidos de fiesta pero se reduce en el vestuario común. Indudablemente, la corte napoleónica está de moda y sus fiestas en París son el gran escaparate.

Aparece el pantalón largo, para los caballeros.


Barcelona, 1789-1800. Vestido de algodón, bordado en seda e hilos dorados. Museo Textil y de la Indumentaria de Barcelona, Col. Colette Bergés. Barcelona, 1795-1800. Vestido y spencer. Vestido en batista de algodón bordada de lentejuelas, pasamanería de metal; spencer en raso de seda bordado con lentejuelas.

Catalunya, finales del XVIII,  vestido en batista de algodón bordada. Museo Textil y de la Indumentaria de Barcelona, Col. familia Forn-Homs.

España, 1830-1835. Raso de seda estampado, encaje de algodón. Torso y cintura marcados por el corsé que viste la dama, con varias enaguas superpuestas bajo el vestido.. Mangas que nacen ajustadas y hacen una ampliación exagerada desde el codo. En el video podemos ver la extraordinaria calidad del estampado sobre la seda, con la durabilidad de colorantes que aún se aprecia después de más de 150 años. Museo Textil y de la Indumentaria de Barcelona, Col. M. Rocamora. Foto © Quim Puyol – EDYM, Es. 2009.

Francia, 1830-1835. Vestido y pañuelo sobre los hombros, en tafetán de algodón estampado. al contrario que el vestido español, aquí están ampliadas las mangas en la parte superior y más ajustadas desde el codo. En el video puede observarse la fina ornamentación que ha sido estampada sobre toda la pieza de algodón en que se ha confeccionado este vestido. Museo Textil y de la Indumentaria de Barcelona, Col. M. Rocamora. Foto © Quim Puyol – EDYM, Es. 2009.

Arriba: En el lado izquierdo de la foto, Francia, 1825-1830, vestido en tafetán de seda. En el lado derecho de la foto, Catalunya, 1835, vestido en tafetán listado de seda. Museo Textil y de la Indumentaria de Barcelona, Col. M. Rocamora. Foto © Quim Puyol – EDYM, Es. 2009. Abajo: Video resumen de Moda Imperio


La indumentaria masculina

Napoleón se proclama emperador en 1804 y dice a sus militares vístanse como quieran.

Aparece el pantalón largo.

La caída de Napoleón es la Restauración (1815-1820) por los Borbones, que pretenden borrar todo rastro de la Revolución. El Gobierno luchó de todas sus fuerzas para una vuelta a las condiciones políticas y culturales que habían existido antes de la Revolución, y el traje se sentía en el deber de ser una imagen fiel de las intenciones de los nuevos príncipes restablecidos. Pero sólo obtuvieron un éxito muy relativo.

En el 1800 aparece el Don Juan en la moda. En Inglaterra, este tipo tiene un nombre propio y se llama George Bryan Brummell (1778-1840). Se nos ocurre una forma sencilla de describir el estilo donjuanesco de Brummel en palabras de hoy: “es un tipo al que todo le sienta bien”. No es el suyo un vestido amanerado o rebuscado sino al contrario, es su sencillez lo más atractivo.

Aparece el frac y se consolida el pantalón largo.

En 1829 el compositor alemán Felix Mendelssohn (1809-1847) da un concierto en Londres, para cuya asistencia se exige a los caballeros vestir el frac.

Barcelona, 1795-1800. Casaca, doble acanalado de seda; chaleco: sarga de seda bordada; pantalón, tafetán de algodón. La levita negra y el pantalón largo en blanco definen el frac que se exigió como vestuario de etiqueta en el concierto de Mendelssohn que mencionamos antes. Museo Textil y de la Indumentaria de Barcelona, Col. M. Rocamora. Foto © Quim Puyol – EDYM, Es. 2009

Catalunya, hacia 1775, taje de caballero compuesto de casaca, chaleco y calzón que llega hasta por debajo de la rodilla, terciopelo labrado en seda y bordado en seda. Museo Textil y de la Indumentaria de Barcelona, Col. M. Rocamora. Foto © Quim Puyol – EDYM, Es. 2009

Camisa de caballero, c. 1830, confeccionada en lino blanco con volantes de algodón blanco, abierta por delante, para cerrase con lazos y sin aberturas laterales; el cuello es de un alto como para plegarse sobre un lazo o corbata; los puños ce cierran con botones forrados, uno en cada puño. Foto catálogo-ventas VINTAGE-textile.

Los trajes populares en el Madrid de finales del siglo XVIII

De Izda. a dcha., 1. Traje de majo, tafetán de seda, pasamanería y cintas de seda.  2. Traje de majo, chaquetilla y chaleco: tafetán de algodón estampado, pasamanería y cinta de seda; calzón: punto de seda.  3. Traje de maja, terciopelo de seda y pasamanería de plata, cintas de seda y botones de plata; falda: tul de algodón bordado.  4. Traje de majo, terciopelo de seda, pasamanería y botones de plata. Museo Textil y de la Indumentaria de Barcelona, Col. M. Rocamora. Foto © Quim Puyol – EDYM, Es. 2009

BIBLIOGRAFÍA

Historia general de España, Espasa Calpe.

Mujeres españolas, Salvador de Madariaga, Austral.

Cristóbal Colon, Salvador de Madariaga, Espasa-Calpe.

Memorias de Cristóbal Colon, Stephen Marlowe, Mondadori.

Isabel la Católica, Tarsicio de Azcona, Sarpe.

El vestido en la época de los RR CC, Vol. I, El traje femenino, Germán Vernís.

Trajes civiles y militares en los días de los RR CC, Narciso Centenach, Boletín de la Sociedad Española de Excursiones.

Histoire du costume, François Boucher, Flammarion, Paris, 1983

Breve historia del traje y de la moda, J. Laver, Ensayos Arte Cátedra.

Indumentaria del siglo XVII: París como foco del arte y la cultura

•8 julio 2009 • 1 Comentario

1. Panorama político y social del siglo XVII. 2. Síntesis de la indumentaria de este siglo. 3. La importancia de la industria y el comercio de los tejidos. 4. Los colorantes y los tejidos estampados. 5. Los encajes. 6. La indumentaria del pueblo entra en la moda.


El precedente de moda que intentamos explicar en este período histórico no es estudiando la vestimenta sino las materias primas, la entrada de la industria y el comercio en su transformación y los textiles, cuyo consumo se diversifica, ampliando el uso de la vestimenta en cantidad y calidad.

Francia, finales del XVI principios del XVII. Indumentaria masculina. Foto de la Exposición CHRISTIAN LACROIX, HSTOIRES DE MODE, Les Arts Décoratifs, musée de la Mode et du Textile, Paris, coll. UFAC

1. Panorama político y social del siglo XVII: París como foco del arte y la cultura

Si el 1500 se caracteriza por la preponderancia del estilo español en la indumentaria europea, en el 1600 es Francia, y Holanda en menor medida, quien impone su indumentaria en un vasto territorio. Con perspectiva histórica, se vislumbra  ya cómo van a funcionar ya las corrientes de la moda en el futuro. Ello tiene que ver con la idiosincrasia del pueblo francés y, por focalizarlo mejor, con la personalidad propia de una ciudad, París, que va a mantener esas características de “grandeur” para toda su historia. Desde este siglo, París se está construyendo con su peculiar fisonomía de esplendor, cultura y arte. El rey Francisco I, vencido por Carlos V en la batalla de Pavía, es una admirable paradoja, porque desde entonces la capital del reino francés va creciendo a base de embellecerse; podríamos exagerar un poco diciendo que crece más como una gran colección de arte que como crece una ciudad, pero en cierto modo es así. Todos los monarcas compiten en construir palacios y monumentos. Tal foco de admiración no puede por menos de ejercer también como centro creador y difusor de moda.

La importancia y el ímpetu de los movimientos artísticos y culturales en este siglo también son una gran contradicción respecto a la situación de guerras, divisiones políticas y luchas religiosas casi permanentes. El empuje del arte influye en la evolución de la indumentaria más que todo lo demás, haciéndola cada década más refinada y elegante. Y los protocolos sociales inician también esta misma evolución hacia modales de cortesía y delicadeza desconocidos hasta entonces. Esto además sin olvidar la ayuda de las economías que crecen. Todo ello conformará una nueva estética, que ya no será solamente cortesana sino social, porque la vida se concibe de forma diferente. En Francia se dictan también leyes suntuarias, pero ni Richelieu ni Mazarino son capaces de imponerlas y París nunca las cumple.

Italia y sobre todo España ven desaparecer la supremacía que ejercieron en el siglo anterior, sólo algunas princesas españolas inspiran ciertas modas. La Holanda independiente y la Francia que crece en absolutismo se imponen en los cambios que aparecen en la vestimenta. La influencia de las Academias y el nuevo movimiento artístico que es el Barroco están presentes en estos cambios de moda e incluso se corresponden, potenciando la imaginación y la virtuosidad de los creadores de moda. Lo mismo que en el Barroco, en el vestido la moda es la preciosidad, rompiendo con la rígida simetría del XVI. Sin embargo, la importancia que ha tenido el Renacimiento aun se hace notar y no deja entrever todavía un verdadero nuevo estilo.

Aunque decae tanto la influencia española sobre la moda en Europa, no decae la reputación de los sastres españoles, que son requeridos desde todas partes y se sigue hablando de un corte español.

2. Síntesis de la indumentaria de este siglo.

  • El jubón que visten los hombres aparece con hombreras, para ampliar los hombros y perfilar el torso.
  • El jubón femenino es ajustado y lleva unas faldillas que van cosidas al jubón a la altura de la cintura, ampliando las caderas; para sujetar las faldillas en esta posición, se colocaba un rollo de tela relleno (el verdugado de tambor) debajo de la falda.
  • A partir del 1680, la blusa-cuerpo con ballenas es rígida, ajustada y alargada, con las mangas cortas y ahuecadas dejando pasar las de la camisa, también ahuecadas y terminadas por un volante de encaje.
  • Para defenderse del frío, las mujeres llevan vestidos superpuestos. Manteletas, en forma de bufanda, incorporan un capuchón.
  • El longevo rey de Francia, Luis XIV, sufre una enfermedad que lo deja calvo: aparece la peluca, que no tardando mucho va a ser un furor de moda.
  • Lo que hoy llamamos trajes regionales un cada uno de los países europeos, en realidad son los trajes que Europa viste en la segunda mitad de este siglo XVII.
  • Del antiguo manto español nace la mantilla española, (vigente hoy todavía en la indumentaria tradicional).
  • La prosperidad creciente de la clase burguesa deja a ésta definitivamente inmersa en el mundo de la moda.

El desarrollo de la maquinaria en hilaturas y tejeduría, así como el incremento del comercio en materias primas, incide directamente en una mayor producción de indumentaria, que también la diversifica (incluso con nuevas prendas, como el camisón de dormir). Todo ello permite que también las clases populares, especialmente artesanos y empleados administrativos, burgueses más o menos ricos, entren a contar en el consumo de indumentaria.

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En el vestido femenino, las faldillas van cosidas al jubón, a la altura de la cintura, ampliando las caderas. Terciopelo de seda, bordado en oro y pasamanería, hacia 1605. Museo Textil y de la Indumentaria, Barcelona, Es. Col. Rocamora. Foto Edym, 2009 Junto al modelo del 1600 se ve otro vestido del siglo XXI que recupera la idea del jubón ajustado y de las faldillas con volumen, ahora con tejidos ligeros y elásticos, que eliminan la antigua rigidez. Modelo de Emilio de la Morera , Londres, 2008.

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Chupa de heraldo; Amplia los hombros y perfila el torso.  Terciopelo de seda, con cierres y botones metálicos. Hacia 1650. Museo Textil y de la Indumentaria, Barcelona, Es. Col. Rocamora. Foto Edym, 2009

3. La importancia de la industria y el comercio de los tejidos

En 1662, el Parlamento inglés prohíbe toda importación de los encajes de Flandes. Los comerciantes ingleses intentan, sin éxito, traer obreras flamencas para fabricarlos en Inglaterra. Los contrabandistas se dedican a falsificar los documentos de las mercancías compradas en Flandes y éstas aparecen en la Islas Británicas como producto nacional. Ejemplos elocuentes de cuánta importancia adquirió la industria textil y cuánto y cómo aumentó el comercio de la materia prima textil.

En general, se puede afirmar que toda novedad aparecida en cuestión de indumentaria en este siglo adquiere enseguida tamaño e importancia tan considerable que los gobiernos de cada país actúan de inmediato, para contrarrestar los perjuicios que su descontrol puede ocasionarles. No sólo para materias primas, lana, algodón, lino, seda; lo mismo para los colorantes y los nuevos tejidos, cuando aparecen.

En la mitad del siglo XVII la industria textil alcanza tal tamaño que resulta determinante en la economía de todos los países. Faltos de experiencia en la política económica que requiere la nueva situación, en Francia y sobre todo en Inglaterra se suceden absurdas regulaciones que no hacen sino crear desconcierto, neutralizar la creatividad de los artesanos y causar hambre y agitación entre los obreros y campesinos. Es interesante anotar aquí que el consumo de los tejidos aumenta en gran medida porque los trabajadores comienzan a vestirse más y mejor que en el siglo pasado. El incremento del consumo y de la producción se ayudan mutuamente; entre ambos dan origen a la diversificación de tejidos.

En el norte de Europa hay tejidos de lino antes de la romanización, al igual que ocurre en el Oriente Próximo. En el escudo de la Asamblea de Irlanda del Norte hay flores de lino. Pero la calidad de los tejidos de lino hechos en Holanda en este siglo no son ni siquiera imitados de lejos por los fabricados en otros países; y de ahí el temor de los ingleses.

La mayor calidad requerida a estos tejidos exige de la lana también una mejora como materia prima. La mayor parte de las productoras de lana del continente europeo y de las exportadas a Australia y Argentina en los siglos XV al XVIII, proceden de la merina española1, traída a España por los árabes benimerines (procedentes de lo que ahora es el Norte de Marruecos) a principios del siglo XIV, cuando invadieron y poblaron una parte de la actual provincia de Cádiz. Toda Europa compra lana en la gran feria de Medina del Campo (Valladolid, España) y en Segovia está el mayor almacén de lana merina.

La gran competidora de la lana es la seda, proporcionada sobre todo por Italia, exportadora de telas para trajes, y por España ; la seda de Murcia se emplea sobre todo en pasamanería. Por otra parte, la seda levantina y la de China abastecen un muy importante consumo europeo.

Aunque la seda es, en el traje rico, el tejido ciertamente más empleado, se debe tener en cuenta la competencia que le hace pronto el algodón bajo la forma de los tejidos estampados.

4. Los colorantes y los tejidos estampados

Desde mitad del siglo, vistosos tejidos de algodón, estampados en vivos colores entran en el mercado europeo de mano de comerciantes portugueses, que los traen de Asia. Enseguida se hacen famosos entre la gente elegante que, aun reconociendo que no son precisamente como sus ricas telas de lino y seda, los adoptan para el vestuario doméstico: las mujeres hacen con ellos delantales y los hombres los adoptan en su batas caseras. El favor de estas telas tintadas crece aún a la ocasión de las visitas de embajadores orientales y su escasez relativa aumenta su fama al mismo tiempo que su precio, casi inaccesible para las mujeres de la burguesía ; por eso industriales sagaces buscaron producir a bajo coste las telas similares; pero otra vez la legislación proteccionista prohíbe la importación de esta telas y ahora la naciente industria europea que se estaba especializando en ellas. La policía francesa incautaba estas telas en el mercado de Saint Germain y las hacía quemar; en algunas provincias, mujeres eran despojadas de sus “vestidos indios” en la calle por la policía.

Las investigaciones hechas en este tiempo en materia de colorantes textiles ofrecen un interés especial, no sólo por su lado técnico sino también por la novedosa variedad que significó para la moda. Por otra parte, la telas tintadas tienen aquí su importancia por el nuevo papel que jugaron en la confección, extendiendo el uso del algodón, considerado hasta entonces como una industria textil inferior. La lencería en la clase media pudo aprovechar el algodón abarato, mientras los ricos seguían fieles a la tela de lino. Es de esta forma como se extiende el uso del popular camisón.

Al final del siglo, Inglaterra y Holanda disponían de colorantes de ultramar de excelente calidad. Pero son los tintoreros franceses quienes consiguen verdadera variedad y calidad de tinturas.

5. Los encajes

En el siglo XVI abundan los bordados sobre el tejido. Después se extraen hilos del tejido y se borda sobre los que quedan; cortando la tela , se borda en los agujeros. François Boucher cuenta de manera anecdótica cómo aparecieron los encajes: las obreras italianas tuvieron la idea de enlazar hilos del borde de la tela y de bordar sobre estos hilos sueltos; el punto in aera había nacido. En España se llama punto de ganchillo, tejido con un solo hilo y con una aguja especial, en forma de ganchillo. El encaje de bolillos, también abundante en España, es del mismo tipo. Enseguida el punto de ganchillo se extiende por todos los países y las damas de la clase popular lo adoptan como arte doméstico, del que existen verdaderas obras maestras.

Está por demás sobrado que otra vez las dichosas leyes suntuarias quieren atajar esta moda. Richelieu, que en principio lo prohíbe tajantemente, no tarda mucho en adoptarlo ostentosamente en su propio vestuario cardenalicio y cortesano; quisieron que las tejedoras venecianas formaran obreras francesas. Este tipo de encaje se hace famoso en la Normandía y Borgoña. Todos los países y regiones van añadiendo su impronta al género de ganchillo, al nuevo encaje de moda, y así son famosos también los valencianos, en España, tanto como los venecianos y los normandos.

6. La indumentaria del pueblo entra en la moda

  • La sencilla vestimenta popular sigue manteniendo el estilo de la etapa anterior. Las mujeres llevan falda hasta los pies, que levantan para el trabajo (falda remangada y atada en la cintura).

  • La blusa sigue más o menos ajustada al busto.

  • Los hombres llevan blusón normalmente más holgado, con alguna abertura abotonada. Esta  la camisa es a menudo de tela bermejuela e incluso de cáñamo entre los campesinos. Pero es el algodón sin tintar (el permitido por las restricciones gubernamentales a la importación) lo que abunda en la vestimenta popular y hace que, además, ésta se diversifique.

  • Pantalón de media pierna. Sombrero de fieltro, de ala ancha.

  • Abundan los paños gruesos, sargas; el paño de lana fina es utilizado por los artesanos, la gente de oficio, más profesionalizada.
    Abunda el color oscuro o mate, gris o marrón; el negro domina las sayas de las mujeres.

  • Botones de plata, bandas de terciopelo, bufandas de tafetán, ponen una nota de lujo sobre estos tejidos sin otro resplandor.

  • Por lo general, está más vestido el obrero ciudadano que la gente del campo.

  • La sarga del artesano marca la gran diferencia con el terciopelo y la seda del noble y del gran burgués: uno viste lo estrictamente necesario, otro se distingue con lo superfluo.

  • Finalmente, volver a recordar que la indumentaria de este siglo XVII, junto con los atuendos complementarios de ésta, van a fijar lo que se viene llamando después y ahora los trajes regionales. Y ello está también relacionado con la extensión de la indumentaria hacia lo popular, que adoptaron la de nobles y altos burgueses en su forma más simplificada.

NOTAS

Lana merina. Ver una más amplia exposición de la lana en la sección de tejidos, en el Capítulo 6.

Trajes regionales. Puede verse una larga colección de trajes regionales españoles y de algunas colonias en el documento anexo con este mismo nombre.

BIBLIOGRAFÍA

Historia general de España, Espasa Calpe.

Mujeres españolas, Salvador de Madariaga, Austral.

Cristóbal Colon, Salvador de Madariaga, Espasa-Calpe.

Memorias de Cristóbal Colon, Stephen Marlowe, Mondadori.

Isabel la Católica, Tarsicio de Azcona, Sarpe.

El vestido en la época de los RR CC, Vol. I, El traje femenino, Germán Vernís.

Trajes civiles y militares en los días de los RR CC, Narciso Centenach, Boletín de la Sociedad Española de Excursiones.

Histoire du costume, François Boucher, Flammarion, Paris, 1983

FUENTE: EDYM

Breve historia del traje y de la moda, J. Laver, Ensayos Arte Cátedra.

François Boucher, Ob. cit. p 283

La industria textil y el desarrollo en Argentina.

•6 julio 2009 • 1 Comentario

Revista BASE TEXTIL Nº149

La actividad productiva textil, tras la progresiva contracción verificada a lo largo del año 2001, que encontró su sima en marzo de 2002, comenzó desde entonces una sostenida recuperación de la que, en términos generales, no ha retrocedido hasta el presente.

El punto más alto de la actividad textil en la década pasada se encuentra en el año 1997. A partir de allí se inicia un sendero de languidecimiento progresivo de la actividad productiva sectorial, que se acelera en 2001 y comienzos de 2002. Al finalizar el primer semestre de 2007, el nivel de producción física textil se encuentra 20% por encima de 1997 y alrededor de 50% por encima del nivel del año 2000.

En términos globales cabe caracterizar la recuperación del nivel de actividad sectorial registrada en los años recientes como un proceso de reactivación, es decir, como un proceso de progresiva utilización de la capacidad productiva instalada. Cabe decir que la industria textil argentina se halla, desde hace ya varios meses, en una situación cercana al pleno empleo de su capacidad instalada.

No obstante, nuestros cálculos del consumo aparente textil nos indican que, con ese nivel de utilización de los equipos productivos, nuestra industria sólo alcanza a abastecer alrededor del 40% del mercado doméstico. El 60% restante es atendido por la oferta de importaciones.

La industria textil argentina tiene, por consiguiente, un largo camino por recorrer, como abastecedora del mercado doméstico, además del posible incremento de la oferta de exportaciones. Para transitar ese camino deben satisfacerse algunos requisitos fundamentales. Ante todo, la industria textil deberá, superada en lo fundamental la etapa de reactivación de la capacidad instalada, ingresar en un proceso de crecimiento, cuyo motor esencial es la inversión. Crecimiento implica, primero, asumir el riesgo de invertir para, luego, asumir el posterior riesgo de producir más y mejor.

La OMC y la Ronda DOHA

La Organización Mundial del Comercio (OMC) se halla dedicada a conseguir una sustancial reducción de la protección arancelaria a los bienes industriales para todos los países miembros.

Este objetivo tiene su fundamento en el enfoque del comercio internacional de David Ricardo basado en la ventaja comparativa, enfoque que constituye la visión dominante en la materia hasta nuestros días. Según esta teoría, a los países les conviene especializarse en la producción de los bienes para los que son relativamente más competitivos en la arena internacional, puesto que de este modo obtienen ganancia en el comercio. Siguiendo este paradigma del librecambio (el comercio internacional totalmente libre de restricciones y regulaciones nacionales), la OMC desde su origen como Acuerdo General de Tarifas y Comercio (GATT), en sucesivas “Rondas” ha impuesto crecientemente reducciones en los niveles arancelarios de los países miembros. Este criterio pretende ser llevado a límites extremos en la Ronda Doha que actualmente se desarrolla, si bien el objetivo enfrenta ostensibles resistencias y contratiempos. El hecho es que la normativa de la OMC, una vez sancionada, se torna de cumplimiento obligatorio para los países miembros.

En nuestro modo de ver, no es admisible que todavía se siga empleando el enfoque de la ventaja comparativa – un concepto nacido en la Inglaterra de la Revolución Industrial, hace doscientos años – para comprender el complejo mundo productivo del presente. A lo largo de esos doscientos años transcurridos desde los albores de la producción industrial, en el mundo económico y social que conocemos, los países avanzados, o países desarrollados, o como quiera denominárselos, evolucionaron invariablemente como economías industriales. Ello no quiere decir – como otrora pretendía David Ricardo con su exitosa propuesta de abolir las llamadas “leyes de granos” – que esos países actualmente desatiendan sus producciones primarias. Precisamente todo lo contrario, como puede advertirse en los debates de la Ronda Doha y la defensa enconada de los países centrales de su producción agrícola y ganadera.

Tampoco es admisible – y lo es menos aun, si cabe – que la OMC obligue a los países miembros a ceñirse a esa desactualizada receta comercial. No lo han hecho hasta ahora, a pesar de las limitaciones crecientes impuestas en materia arancelaria, y el comercio internacional ha evolucionado positivamente de manera ininterrumpida.

En este campo merece señalarse que algunos estudios de especialistas en los últimos años tienden a poner en duda la validez general del criterio de la ventaja comparativa para la optimización del crecimiento económico. No es nuestro cometido internarnos en estos análisis, pero sí entendemos pertinente puntualizar que la resistencia práctica de países, sectores y empresas a ponerse las cadenas de una obviedad engañosa no carece de acompañamiento teórico solvente.

Es preciso reconocer que el objetivo central de toda política económica debe ser el logro de niveles crecientes de bienestar para la población a través de altas tasas de desarrollo de su sistema productivo. El comercio internacional es, en función de ese objetivo principal, un instrumento importante, pero está muy lejos de ser un fin en sí mismo.

El tema no está en reclamar la eliminación de la protección y los subsidios a la producción primaria a los países del Norte, como contrapartida de la eliminación de los aranceles a los bienes industriales, más allá de la intolerablemente injusta asimetría que ello representa. Lo que sí corresponde subrayar enfáticamente es que si las economías pujantes y potentes del mundo moderno son todas economías integradas, sería justo reconocer el derecho de los restantes países a transitar similares caminos y aspirar a un destino semejante.

La política comercial externa

El cometido de la política comercial externa es tornar viables las iniciativas privadas en un marco de compatibilidad general. Debe descartarse de plano la idea de seleccionar, desde una supuesta posición omnisciente, cuáles habrán de ser las actividades autorizadas a sobrevivir y – cual pulgar de Calígula – decretar la defunción de las restantes.

Todos los países industriales se caracterizan por contener prácticamente todas las actividades de la industria manufacturera, en mayor o menor grado. En ninguno de ellos se ha impuesto una selección a priori como condición para un desarrollo económico óptimo. Lo que seguro caracteriza el proceso de desarrollo de los países avanzados, es la creciente diversidad y complejidad de su estructura productiva.

Si, imitando al demiurgo de Platón, contemplamos el desarrollo de los países avanzados como el paradigma a partir del cual habremos de construir nuestro propio destino, es preciso atender a los rasgos característicos del proceso que los llevó a su estado actual, antes que contemplar sólo el punto de llegada.

La alta tecnología nació, precisamente, a partir del suelo nutricio de una matriz productiva de creciente diversidad y complejidad. Ese progresivo y pujante desarrollo económico, social y cultural es el que la hizo posible. El notable nivel de desarrollo de los países centrales no surge a partir de la alta tecnología, como si esa fuera la condición para generar crecimiento económico, sino que, a la inversa, la tecnología de punta emerge y se desarrolla a medida que crece la diversidad, la complejidad y la imbricación de las actividades productivas entre sí y con el sistema científico y tecnológico.

Muchas actividades productivas calificadas como de tecnología intermedia o baja, hacen uso de insumos consumibles, insumos componentes y bienes de capital de alta tecnología. Más aun, el desarrollo de estos bienes está gobernado por su destino final. Si el criterio de privilegiar la producción de bienes de alta tecnología tuviese validez universal, la producción de muchos de éstos perdería sentido, como es el caso, por ejemplo, de la maquinaria para producir hilados o calzado deportivo. Si, en cambio, se acepta que dicho criterio carece de validez universal, ese criterio ingresa en el terreno de lo opinable, lo discutible o, peor aun, en el terreno de la arbitrariedad.

Lo cierto es que, en los hechos, los países avanzados no se privan de contar con la más amplia variedad de producciones, inclusive con las más primarias, tendiendo a descartar sólo aquellas dañinas para su medioambiente. En particular, la industria textil se halla presente en todos ellos y no parecen totalmente dispuestos a prescindir absolutamente de ella, como tampoco de otras industrias tradicionales.

La industria textil argentina, independientemente de sus especificidades y particularismos, necesita – para subsistir, crecer y perfeccionarse – una política comercial que le permita evolucionar frente a la competencia externa y acometer racionalmente los desafíos de aumentar la inversión y la producción. El empresario es esencialmente un tomador de riesgos. Del cálculo de ese riesgo y de la evaluación de alternativas emergen sus decisiones de producir (o no producir) y de invertir (o no invertir). La medida del riesgo del empresario industrial, el costo de oportunidad de producir textiles, está en el precio y el volumen de las importaciones.

El Mercosur

Hay dos tópicos estratégicos, la política comercial externa y la promoción industrial, que deben ser compatibilizados en la unión aduanera del Mercosur.

La actualidad regional se caracteriza por la notoria disimilitud de las políticas económicas de sus miembros y, en especial, de los dos socios principales. En particular, han habido fuertes diferencias en las políticas fiscales llevadas a cabo por nuestro país y por Brasil. Las políticas de incentivos a la producción y a las inversiones en Brasil fueron acumulando sus efectos a lo largo del tiempo, profundizando asimetrías y generando desequilibrios competitivos. Estas divergencias, además de entorpecer el proceso de imbricación de las economías participantes, son proclives a desembocar en tensiones y conflictos y dan lugar a costos operativos.

Por otra parte, la frontera económica externa está lejos de lucir armónica. Tampoco muestra hasta el momento el Mercosur una política comercial externa coordinada ni acciones concertadas en los foros internacionales.

La asociación de economías relativamente semejantes, como son las que conforman el Mercosur, abre la posibilidad de aprovechar la ampliación del mercado para los países miembros, generando economías externas y de escala para sus producciones. Los instrumentos promocionales deben ser compatibilizados y, en lo posible, uniformados en la región, a riesgo de generar o profundizar desequilibrios y asimetrías, dando lugar a situaciones inequitativas, capaces de entorpecer y aun poner en peligro el desarrollo asociativo.

Por su parte, la política comercial externa debería ser encarada con firmeza en forma conjunta por los países socios del Mercosur. No es ocioso subrayar que una común política de comercio exterior constituye el rasgo más sobresaliente y significativo de toda unión aduanera. Una acción concertada ante los organismos y foros internacionales es un factor de peso de gran importancia en pos de los objetivos estratégicos de la unión.

La promoción industrial

El desarrollo armónico y espacialmente equilibrado de la actividad económica en todo el país es una de las metas a demandar en la construcción de una política integral de desarrollo. La persecución del equilibrio espacial en la economía doméstica es, en cierto modo, una réplica conceptual del equilibrio que se reclama en el nivel mundial. Por tal motivo, es insoslayable que la promoción regional sea uno de los capítulos importantes de un programa de desarrollo.

Por otro lado, el objetivo de una ocupación efectiva del territorio nacional tiene incuestionables fundamentos económicos. Las asimetrías, los desequilibrios y las falencias en los niveles de desarrollo representan costos para la economía en su conjunto y su corrección, por su parte, es capaz de proporcionar una contribución importante al desarrollo económico global. En este terreno, la promoción económica regional es un instrumento de significativo valor.

Si fuese del caso encarar la renovación de la política de desarrollo regional, debería procurarse, ante todo, que sea de aplicación general y que abarque a la totalidad del territorio nacional, en busca de un equilibrio en la intensidad de los incentivos a otorgarse a las distintas regiones del país.

En segundo término, en lugar de la pura desgravación tributaria sobre los montos facturados, debería premiarse la generación de valor agregado. Con ese fin, los instrumentos promocionales deberían disponerse de modo que la tasa de incentivo esté vinculada a esa agregación de valor.

Por último, una nueva promoción regional e industrial debería estar dirigida exclusivamente a incentivar la producción dentro de nuestro territorio, descartando, como principio general, el empleo de la promoción de importaciones. La generación propia de divisas genuinas y la optimización de su gasto constituyen prioridades básicas de toda política de desarrollo. Este criterio cobra mayor relevancia aun en la actual situación de nuestro país, dado el compromiso de pago de la deuda externa refinanciada.

En términos generales, en el futuro la promoción industrial regional debería ser un instrumento orientado a incentivar la producción y las inversiones en todo el territorio nacional, equilibrado, armónico y eficaz como incentivador de la generación de valor y de inversiones. No se trata de conceder privilegios monopólicos o prebendarios; se trata, en cambio, de tornar viables el incremento de la producción y las inversiones en todo el ámbito de nuestro territorio, a partir de instrumentos de aplicación general.

Lic. Emilio O. Colombo

N de la R:A partir de hoy quisiera compartir con uds. notas y editoriales publicadas por la revista BASE TEXTIL, un referente de suma importancia dentro del ámbito textil, moda, tecnología y mercado argentino. En esta oportunidad, la Editorial Nº 149.

Evolución de la indumentaria en el Siglo XVI

•6 julio 2009 • Dejar un comentario

1. Panorama político y social del siglo XVI

Al estudiar el vestido de la Europa occidental del siglo XVI se puede detectar una cierta obsesión por condicionarlo a la influencia que tuvo la política imperial española. Es verdad que el poder de Felipe II puede resultar abrumador; es verdad que el peso de la Inquisición fue sobrecogedor en todo el ámbito social y, por tanto, también atenazó una indumentaria que podría haber evolucionado de otra forma más libre y creativa; la reacción de las poderosas monarquías católicas contra la reforma protestante también condicionó la manera de vestirse. Pero es indudable que en este siglo, y para la posteridad, el humanismo que irradió el Renacimiento se impuso sobre todas las mordazas y este fue en definitiva el resultado: La Europa renacida y emprendedora que configuró lo que todavía seguimos llamando civilización occidental.

El poder del trono de Felipe II impone, en buena medida, una forma de vestirse en todos sus dominios, sabiendo que ello formaliza e identifica quiénes son sus súbditos. Pero tal poder político también es paralelo a la riqueza que genera y la corte no sólo provoca rechazo de los sojuzgados sino también admiración y deseos de ser emulada. Aun está lejos el tiempo en que la alta burguesía adopta las costumbres ostentosas de la aristocracia; pero todo llegará, porque la sociedad tiene sus constante mecanismo de acción y reacción.

Mas si el estilo de la indumentaria española se impone en buena parte de Europa de la mano de Felipe II –una indumentaria de rigor pero también ostentosa de lujo y riqueza– no es ésta la única vía de influencia del estilo y el gusto español. Ya desde el sigo pasado, una familia española, los Borja (Borja en España y Borgia en Italia) se ha trasladado a Roma y se adueña del gran poder que ejerce el papado. Cuando el Papa Rodrigo Borgia (Alejandro VI) muere en 1503, su hijo César Borgia (Duque de la Romagna) y su nieta Lucrecia Borgia (Duquesa de Modena y Ferrara) ejercerán el gran mecenazgo (prolongado con la dinastía milanesa de los Sforza) del Renacimiento: son los patrocinadores de Miguel Ángel, Tiziano, Leonardo y el Bosco; puede afirmarse que no existe en toda la historia de la cultura europea un caso de influencia familiar tan importante como este. Lucrecia Borgia será la mujer que más moda haya impuesto en toda la evolución del vestido occidental y también en la forma de ejercer esta influencia.

Y el hecho más relevante en esta dinámica de cambios está insertado también en esta política imperial: los descubrimientos. En 1492, Cristóbal Colón se encuentra con el continente que luego se llamó América; en 1498, Vasco de Gama rodea África y llega a la India. Dos mundos se van a descubrir mutuamente. La importancia del comercio veneciano se desplaza a Sevilla y Lisboa, que polarizan el tráfico de Europa hacia América, por un lado, y hacia Asia por el otro. Pero Sevilla y Lisboa son nada más que dos bolsas de comercio del mercado en el que interviene toda Europa. La Casa de Austria, reinante en España, facilita que los comerciantes alemanes intervengan de inmediato en este mercado; también franceses y flamencos. Ante la nueva situación, las importantes ciudades italianas reaccionan y rearman sus organizaciones comerciales y bancarias; Venecia, Milán, Florencia, Génova, recobran un nuevo impulso. Europa absorbe materias primas llegadas del exterior: algodón egipcio, americano y de la India, seda de los países del Medio Oriente, productos que Europa transforma y consume y que convierte en riqueza. Hay una nueva distribución comercial: Lyon y Amberes serán principales plazas financieras; grandes manufacturas de lana se asientan en Inglaterra, Francia y los Países Bajos, haciendo olvidar la vieja estructura artesana; la primera máquina de tricotar se inventa en Nottingham, en 1589 por la exigente necesidad de aumentar la producción de lana tejida.

De América llegan grandes cantidades de oro y plata hasta el centro de Europa.

El clérigo inglés William Lee, en 1589, inventó una máquina de tricotar para que su esposa aumentara considerablemente la producción de un género de punto en lana. Esta máquina inventada por Lee va a conseguir que a mitad del siglo siguiente (el siglo XVII) los tejidos de lana merina española sean una importantísima industria textil europea. Ello transformará el panorama agrícola europeo: tierras de cultivo vuelven a ser pastizales de ganado lanar. El desarrollo del textil mecanizado tiene mucho que ver en la formación de una nueva clase social, los obreros de las fábricas, que impulsarán los grandes movimientos ideológicos en la Europa del futuro. Parece ser que el invento de Lee y el género de punto no tuvo buena acogida política en Inglaterra y cuentan que Lee murió en la miseria en París, en 1610.

Tejidos finos comienzan a fabricarse (precedente de moda) y el lujo en la indumentaria se amplía y se consolida. Una segunda rama de materias primeas vienen de países exóticos y entra en el mercado europeo: los tintes naturales.

Este incremento notable en el uso de los tintes es muy importante en cuanto a modificar la indumentaria (otro precedente de moda), puesto que se trata de materias primas destinadas a transformación de los tejidos. El índigo de India y Ceilán, el palo de Brasil, la cochinilla de Armenia, la jena de Arabia, el palo campeche (azul violeta) de América. La importancia de los tintes en el textil va a alcanzar su cima a mitad del siglo XVII.

Las ciudades europeas experimentan un gran crecimiento poblacional. Lyon, París, Venecia, Florencia, Londres, Munich, Nuremberg rondan los 100.000 habitantes. Son grandes centro administrativos y los ricos equiparan a los cortesanos en el gusto por la vestimenta; la corte ya no detenta la exclusiva en el buen vestir. Venecia, que nunca había ensombrecido su esplendor, acapara la atención de la nueva clase alta europea y todos quieren participar en la ya famosa vida social veneciana y florentina.

El aumento de la demanda provoca mayor producción textil y ello suscita el primer movimiento de obreros especializadlos que traspasan fronteras, desde unas fábricas a otras que se están haciendo más importantes, de Italia a Lyon, Tours, Paris, que abastecen a la corte y a los nuevos ricos.

La ornamentación de la indumentaria italiana es copiada en los otros países europeos.

Cuando culmina la mitad del siglo los precios han subido demasiado. Las guerras de religión ayudan al empobrecimiento. Familias de aristócratas arruinados se alían con otras de burgueses ricos. Los trabajadores y campesinos sufren más que nadie la pobreza y se empobrece también la indumentaria en general, aunque las pinturas de la época, que sobreviven hoy en los museos, no hablan del pueblo sino de la corte y las clases altas de la ciudad.

Ver el cuadro completo alta resolucion edición disco o a descargar Izda.: La emperatriz Isabel de Portugal (1503-1539), esposa de Carlos V. Tiziano, 1548. Óleo sobre lienzo. Museo del Parado. Foto del museo. Suntuoso vestido, el tocado a la portuguesa, las joyas y el abanico.

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BIBLIOGRAFÍA

Historia general de España, Espasa Calpe.

Mujeres españolas, Salvador de Madariaga, Austral.

Cristóbal Colon, Salvador de Madariaga, Espasa-Calpe.

Memorias de Cristóbal Colon, Stephen Marlowe, Mondadori.

Isabel la Católica, Tarsicio de Azcona, Sarpe.

El vestido en la época de los RR CC, Vol. I, El traje femenino, Germán Vernís.

Trajes civiles y militares en los días de los RR CC, Narciso Centenach, Boletín de la Sociedad Española de Excursiones.

Histoire du costume, François Boucher, Flammarion, Paris, 1983

Breve historia del traje y de la moda, J. Laver, Ensayos Arte Cátedra.

2. La indumentaria española en Europa y su evolución fuera de España

En toda Europa, el estilo de vestimenta más sobresaliente e influyente durante la Baja Edad Media es el de la vestimenta Italiana, pero ésta empieza a decaer cuando Europa occidental sale del régimen feudal y las monarquías emergen y configuran estados-naciones más poderosas que la fragmentación política del norte italiano, cuyas riquezas, además, son ambicionadas por los nuevos poderosos. Al final del siglo XV la indumentaria en Italia está dominada en parte por los estilos procedentes de Francia y Alemania y sobre todo por el estilo español, que definitivamente impone Lucrecia Borgia, de ascendencia española.

  • La gran expansión de la moda española es consecuencia del gran poder de Carlos V (Carlos I de España) cuando hereda los reinos de España y se crea el imperio español en la corona que se ciñe la Casa de Austria. Este poder es tal que todo lo que acontece en el reino de España va a influir en los países europeos:

  • Los descubrimientos de Cristóbal Colón acrecientan el prestigio español.

  • La colonización de América crea un raudal de riqueza en forma del tráfico inmenso de metales preciosos hacia el centro de Europa, financiando (entre otras cosas) el lujo renacentista.

  • El final de las guerras de Granada y la expulsión de los moriscos unifica la Península Ibérica, añadiendo más entusiasmo a la difusión de la moda española.

  • El triunfo de Carlos V sobre Francisco I, en la batalla de Pavía, confirma el predominio del emperador sobre el tablero europeo.

Al momento de heredar el trono, Felipe II no necesita más que su voluntad para imponer la moda española en la gran parte de Europa donde reina. Es la vestimenta austera y recatada de un rey que vive el rigor de su religión católica. En ella predomina el negro tanto como la ausencia de adornos; se dice que en la corte del Escorial ni siquiera los bufones vestían colores chillones. La vestimenta femenina aleja a la mujer de toda voluptuosidad. La rigidez evidente en las prendas obliga a los cortesanos a permanecer especialmente erguidos, lo que transmite una imagen de cierta superioridad.

La primera modificación del vestuario se introduce cuando los cortesanos comienzan a hacer ostentación de riqueza, con metales preciosos y pedrería que llega de las colonias e incorporan además ricas telas de seda y holanda. La corte reacciona contra este uso y se promulgan las sucesivas leyes suntuarias, destinadas a combatir no sólo el lujo sino cualquier desviación de la estricta observancia religiosa dictada por la corte. Se prohíbe el uso de ornamentos y se coarta, por tanto, la disponibilidad de los nuevos recursos con que cuenta el país y el perfeccionamiento de los artesanos que crean el vestuario.

Los países que no están bajo el imperio español adoptan algunas modas españolas y especialmente aquello que escapa a las restricciones legisladas. En Italia, la pintura de la época muestra prendas recargadas, con terciopelos que sirven de apoyo a ornamentos espléndidos, cinturones de piedras preciosas, cadenas, anillos de oro, collares de perlas, pectorales de rubí y esmeraldas. Otros artistas añaden a las manos de su modelo artículos de lujo que hacen notar su rango social y su riqueza.

Más tarde, la Reforma luterana y la Contrarreforma católica dividen Europa: los protestantes del Norte se apartan de la severidad de la vestimenta española mientras que los católicos del Sur se atienen a las normas de indumentaria impuestas por la Contrarreforma.

En Italia la moda española es aceptada hasta tal punto que se critican alguna influencias de otras extranjeras. Venecia puede ser la excepción, pero lo es de forma que al estilo español se añade el lujo y la belleza del estilo propio veneciano, que es Lucrezia Borgia. Al negro y a los colores oscuros añade los bordados en oro.
Fuente: edyn

En el retrato del Emperador Carlos V, pintado por Tiziano, podemos distinguir los calzones altos en forma de tonelete, que llegan hasta un poco por encima de la rodilla. El cuello de la camisa asoma un poco sobre el cuello del sayuelo con vasquiña. Como prenda de encima lleva el  jubón, de mangas a bandas y abullonadas y sobre el jubón la chamarra de piel. El sombrero-boina plana, lleva adornos de orfebrería.

Del cuello cuelga un pequeño collar con el Toisón de Oro. La bragueta es tan notable como en una armadura y tiene la misma función que en ella, protección. Del puñal en la mano derecha pende una enorme borla de pasamanería.

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BIBLIOGRAFÍA

Historia general de España, Espasa Calpe.

Mujeres españolas, Salvador de Madariaga, Austral.

Cristóbal Colon, Salvador de Madariaga, Espasa-Calpe.

Memorias de Cristóbal Colon, Stephen Marlowe, Mondadori.

Isabel la Católica, Tarsicio de Azcona, Sarpe.

El vestido en la época de los RR CC, Vol. I, El traje femenino, Germán Vernís.

Trajes civiles y militares en los días de los RR CC, Narciso Centenach, Boletín de la Sociedad Española de Excursiones.

Histoire du costume, François Boucher, Flammarion, Paris, 1983

Breve historia del traje y de la moda, J. Laver, Ensayos Arte Cátedra.

El emperador Carlos V con un perro. Tiziano. Hacia 1533. Museo del Prado. Foto del museo.

 
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