Moda, ¿por qué? Ensayo sobre historia y sociología de la moda

1. Vestirse/adornarse/transformarse. 1.1 La cultura de la adaptación y la cultura de grupo. 1.2 Razones para vestirse. 2. El dimorfismo sexual.  3. La moda y la gran división social.

En todas las historias, en todas las leyendas, en todos los cuentos siempre encontramos al hombre vestido, se nos habla de sus adornos, de sus peinados y de sus trajes; nadie puede imaginar a un hombre viviendo absolutamente desnudo de ropas, de pinturas, de colgantes, de símbolos, de amuletos.

Todas las formas constituyentes del medio humano han sido diseñadas por los hombres. La creación de las formas ha sido una imposición de la condición de la especie. Así definimos cultura como “forma de adaptación extracorporal de un animal, el primate humano, a un medio hostil”. El hombre crea su entorno material gracias a la capacidad creativa de su mente y a su habilidad manual. El entorno artificial en que se expresan los conocimientos adquiridos de una colectividad configuran su propia cultura.

Objetivamente, el hombre es lo que hace (André Malraux). Y Clyde Klukhonn define cultura como la manera de vivir de un pueblo, … el legado que el individuo recibe de su grupo, referido no sólo al aspecto interior del ser sino a lo exterior, material y tangible.

1. Vestirse/adornarse/transformarse

En todas las historias, en todas las leyendas, en todos los cuentos siempre encontramos al hombre vestido, se nos habla de sus adornos, de sus peinados y de sus trajes; nadie puede imaginar a un hombre viviendo absolutamente desnudo de ropas, de pinturas, de colgantes, de símbolos, de amuletos.

Repasando someramente la historia del vestido, o la historia del traje, en cualquiera de los autores, en cualquier idioma, en cualquier escuela, el lector irá encontrando, una tras otra, las razones por las que el hombre se ha vestido, las más profundas e íntimas al igual que las más superficiales, porque a lo largo de nuestra civilización, en cada etapa de la Historia hemos venido aplicando unas y otras. Esa misma Historia nos demuestra que incluso la incomodidad, llegando hasta la agresión al propio cuerpo, ha acompañado el uso de la vestimenta; en el caso de la mujer, su represión física y social se dio aplicada en ciertas formas de vestir: canastos, miriñaques, ballenas, corsés, y en peinados y adornos harto complicados. Vestirse se ha convertido en algo innato para el ser humano, en algo imprescindible. Hasta en la sociedad nudista más radical o primitiva, los humanos que la forman se adornarán, se peinarán y cuidarán su aspecto, porque ello está asimilado tan profundamente en su personalidad que se sentirían extraños si no lo hicieran.

Vestirse, como andar, diferencia al homo sapiens del resto de los animales; el hombre no sólo liberó sus brazos cuando se irguió, también visualizó su cuerpo de una forma más completa, lo estudió e incidió sobre él; posiblemente de una manera sutil, al principio, y luego, según la civilización y la cultura se hacían más complejas, sofisticó su ornamentación. El vestido es quizás la primera expresión de diferenciación entre los de nuestra especie; tan pronto como nos habituamos a la indumentaria ésta tiende a especializarse, tendencia que no ha cesado todavía desde que aparecimos como pobladores de este planeta.

1.1 La cultura de la adaptación y la cultura de grupo

Todas las formas constituyentes del medio humano han sido diseñadas por los hombres. La creación de las formas ha sido una imposición de la condición de la especie. Así definimos cultura como “forma de adaptación extracorporal de un animal, el primate humano, a un medio hostil”. El hombre crea su entorno material gracias a la capacidad creativa de su mente y a su habilidad manual. El entorno artificial en que se expresan los conocimientos adquiridos de una colectividad configuran su propia cultura.

Piezas de vestuario pertenecientes a la Edad del Bronce, descubiertas en una tumba de Egtved. Museo Nacional de Copenhague. Foto del museo.
La cultura es la superficie en la que se hace manifiesta la endotransformación que se opera en los niveles psicológico y sociológico. Objetivamente, el hombre es lo que hace (André Malraux). Y Clyde Klukhonn define cultura como la manera de vivir de un pueblo, … el legado que el individuo recibe de su grupo, referido no sólo al aspecto interior del ser sino a lo exterior, material y tangible.

Llamamos medio humano a aquello que el hombre ha transformado de la materia para hacer la vida más segura y confortable; y es gracias al cual distinguimos unas sociedades de otras. La historia, entonces, sería la sucesión de medios humanos; si cada uno de ellos mejora al anterior estará determinándose el progreso, que, a su vez, encierra en sí mismo el mecanismo de estimulación: Lo mejor que encierra lo nuevo es aquello que responde a un antiguo deseo (Valery). Crear es aportar una nueva alternativa a lo existente. Para el creador es de una gran importancia la influencia de una pertinente información relativa a las necesidades y deseos latentes en su sociedad y sobre los medios de producción, avances y materiales. Los que asumen la responsabilidad de concebir el equipamiento objetual de una colectividad deberán estar inmersos en la realidad social, para crear aquello que sea necesario sin forzar un cambio violento para la identidad colectiva.

1.2 Razones para vestirse

En su obra Sicología del vestir, J.C. Flügel habla de las motivaciones profundas que, en su opinión, se han esgrimido casi consensuadamente como razones para vestirse. Gran parte de estas razones pueden contemplarse bastante alejadas de las motivaciones que el ser humano de nuestra sociedad tiene a la hora de elegir su indumentaria; pertenecen más a la historia del traje que a los fundamentos de la moda actual.

a) Protección
Siempre se ha dicho que el ser humano se viste para protegerse de todos los atentados posibles a su integridad física; pero basta con un golpe de vista a cualquier pueblo o cultura para cerciorarse de que esta sola razón no basta. El hombre nace desnudo y está más expuesto al clima que muchas otras especies, pues carece de cuero, pelo y tiene la piel fina; sin embargo, frente a las altas temperaturas los nativos de los climas tropicales tienen las pieles negras y morenas, que son menos sensibles que las blancas a las inclemencias del tiempo. El ser humano posee una gran capacidad de adaptación a las temperaturas extremas. Ciertamente el vestido crea un microclima alrededor del cuerpo y posibilita su supervivencia hasta debajo del agua; pero, por contra, su uso también puede ser un obstáculo, una incomodidad, como las armaduras medievales o los pesados ropajes de lana entre los exploradores del siglo XVIII en Africa, y puede inhibir al cuerpo su recurso de autoprotección, su respuesta a agresiones ambientales. La adaptación al medio no se produce en el hombre como en el resto de los animales, adaptando sus órganos (El origen de las especies, Darwin), sino creando objetos, prótesis, que le permitan no perecer (Andrè Ricard, Diseño, ?por qué?).

b) Pudor
El pudor como motivo en el inicio de la vestimenta no es más que una invención victoriana y pacata, destinada a contentar la ideología de la época. La sociedad, de acuerdo a cada ideología imperante, construye representaciones del cuerpo parcelándolo en zonas nobles, como el rostro, los ojos, las manos, mientras que otras son consideradas innobles: aquellas que tienen que ver con la digestión y con las emociones sexuales. Así, el vestido sirve para ocultar el cuerpo. No es de menor importancia el efecto ideológico y moral de la interpretación cristianorromana de la Biblia en lo que se refiere a los pasajes del principio de la vida humana y las consecuencias de pudor por el pecado original. Lo cierto es que, una vez adquirida la costumbre de la vestimenta, bien de forma real o simbólicamente, ésta ha sido utilizada para cubrir las partes pudorosas del cuerpo tanto como para potenciar las más atractivas y sugerentes de ambos sexos. Como ejemplos tenemos innumerables, desde el kalasiris egipcio, que se ceñía bajo el pecho femenino dejándolo al descubierto, o los jubones masculinos con bragueta, del siglo XV, hasta los jeans de los años 70, ceñidos a la anatomía en los jóvenes.

c) Adorno
Es, sin duda, una motivación mucho más convincente que el pudor para la invención del traje. Los pueblos más antiguos ya se decoraban con pinturas, tatuajes, joyas, adornos en definitiva; incluso con ciertas mutilaciones en el propio cuerpo: grandes collares de las mujeres masai para alargar el cuello, los tabiques nasales perforados, los lóbulos de las orejas con pendientes (de pequeño tamaño entre unos pueblos y de hasta diez centímetros en otros), los pies vendados de las mujeres chinas.

d) Jerarquización social
Es con el desarrollo cultural como muchos usos sociales de la indumentaria se han institucionalizado. La historia de la cultura tiene que ver con la asunción de roles por parte de individuos que lideran movimientos. A estos líderes, cuando han sido socialmente aceptados a lo largo de generaciones, la sociedad les ha conferido atributos externos hasta el punto de configurar su indumentaria, exclusiva e institucionalizada; así el armiño es propio de los papas y los reyes.

e) Diferenciación de los demás
Con la expresa finalidad de diferenciarse de los demás, las clases sociales más poderosas promulgaron las llamadas Leyes suntuarias, una serie de medidas y disposiciones tendentes, más que a combatir el lujo en sí, a reglamentarlo y restringirlo, en el sentido de que no puedan los individuos de las clases sociales bajas vestir mejor que los de las clases altas . Este hecho lo encontramos ya en civilizaciones antiguas, cuando en ellas una élite se apropia del privilegio de vestir mejor que sus semejantes y pone todos los medios a su alcance para mantener esta situación. Las cruzadas, por ejemplo, traen el gusto por el “lujo asiático” y las ricas telas orientales y un perfeccionamiento de la incipiente industria textil en occidente. Será en la burguesía de las ciudades medievales donde la nobleza encontrará su tropiezo a estos privilegios.

f) Integración en un grupo
En cuanto a los grupos sociales (nacionalidades, pueblos, clases, profesiones, etc), es la vestimenta algo que objetiva su diferenciación de los demás. Y también a la inversa, el individuo utiliza la indumentaria para evidenciar su personal integración en el grupo al que ingresa o al que pertenece.

g) Uso lúdico de la ropa
La forma “más culta” de utilización de la ropa como adorno tal vez sea el uso lúdico que de ella se hace (los disfraces, el teatro, la danza, la ropa de ceremonias) y pretender reflejar en ella nuestros propios y personales estados de ánimo.

2. El dimorfismo sexual

Observando lo que ocurre en las llamadas culturas primitivas actuales y en las pruebas evidentes de las edades del hombre, puede afirmarse que el dimorfismo sexual es un fenómeno que aparece tardíamente en el uso de la vestimenta. Pero desde su aparición, el dimorfismo sexual es tan contumaz y reiterativo que le ha imprimido a nuestra indumentaria un movimiento pendular constante, oscilando siempre de un lado a otro, de un sexo a otro, aproximándose a uno e inmediatamente separándose de él.

Dice Renato Sigurtá que mientras que en el caso de la mujer el lenguaje del traje ha sido siempre una alternancia entre exhibición y pudor, el masculino ha sido, sobre todo, simbólico. Eso parece deberse al hecho de que todo el cuerpo femenino se vive como atracción sexual, mientras que en caso del hombre se da una concentración de dicha atracción en el órgano genital. Por consiguiente, mientras que la mujer expresa “sexo” con toda su persona, el hombre, ante la imposibilidad de recurrir a la exhibición específica, por ser demasiado directa, se refugia en el símbolo.

Por lo general, el traje a lo largo de la Historia ha dado lugar a dos tipos:

Traje masculino = pantalón
Traje femenino = falda

Excepciones a esta norma inexorable se dan en la Roma y Grecia clásicas, donde los hombres llevaban túnicas (faldas); también en Escocia los hombres visten falda (kilt). Y al contrario, hay mujeres en oriente que tradicionalmente usan pantalones anchos. En 1870 Redfern crea el traje sastre para la mujer, a imitación de la vestimenta masculina; la prenda es adoptada con satisfacción por las sufragistas de la época. En 1920 Coco Chanel lanza su famoso tailleur, que subraya y matiza lo anterior; sin embargo, enseguida provoca el efecto contrario: realza el gusto por la individualización de hombres y mujeres. Aparece el prêt-à-porter, en 1949, modelo de prenda fabricada en serie pero que conserva parte de la calidad de la alta costura, y ello inicia el breve lapso de veinte años en que la mujer se ha apropiado de gran parte de la indumentaria típicamente masculina, llegando a una cierta uniformidad en algunas modas; por contra, el hombre se abstiene de incorporar a su vestuario aspectos considerados netamente femeninos, como, precisamente, la falda.

3. La moda y la gran división social

Actualmente el fenómeno social llamado MODA es todo, abarca tanto que comprende toda la actividad de un individuo en su función social, en todo lo que le relaciona con los demás. Moda no es sólo el vestir; también forman parte de la moda las costumbres en el ocio, en el arte, en el adorno o en la vivienda; moda es toda la apariencia del ciudadano, del trabajador, del patrono, del profesor, del estudiante, del clérigo, del funcionario, del joven, del adulto, del anciano, de los adinerados y de los que, sin serlo, lo aparentan porque está de moda aparentarlo. Moda es la forma de estar ante los demás y de hablar; moda es la ideología; se ha ampliado tanto y es tan complejo que viene a ser el concepto que mejor define una sociedad; más aún, conceptual y formalmente LA MODA distingue dos tipos de sociedades que pueblan el planeta (Margarita Rivière):

la sociedad que vive la moda,
la sociedad apartada de la moda.

Tocado femenino del antiguo Egipcio (Tebas, XVIII Dinastía). Metropolitan Museum, New York. Foto del museo.
Geográficamente, estas sociedades dispares están extendidas por el territorio de los países desarrollados, la primera, y en los subdesarrollados o en vías de desarrollo, la segunda. División totalitaria, absoluta, que segrega una pequeña parte de la especie humana (menos de un 20% del total): la que crea, produce y consume moda, situando al resto, más de 6.000 millones de personas, en lo que se puede llamar otra civilización, otro mundo, el de los que no cuentan en la moda o no existen para esa cultura que llamamos moda.

Fuente: EDYM

~ por chulavistadigital en 3 julio 2009.

Una respuesta to “Moda, ¿por qué? Ensayo sobre historia y sociología de la moda”

  1. La diferenciación de los demás y la jerarquización social están apuntando a lo mismo.

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