La industria textil y el desarrollo en Argentina.

Revista BASE TEXTIL Nº149

La actividad productiva textil, tras la progresiva contracción verificada a lo largo del año 2001, que encontró su sima en marzo de 2002, comenzó desde entonces una sostenida recuperación de la que, en términos generales, no ha retrocedido hasta el presente.

El punto más alto de la actividad textil en la década pasada se encuentra en el año 1997. A partir de allí se inicia un sendero de languidecimiento progresivo de la actividad productiva sectorial, que se acelera en 2001 y comienzos de 2002. Al finalizar el primer semestre de 2007, el nivel de producción física textil se encuentra 20% por encima de 1997 y alrededor de 50% por encima del nivel del año 2000.

En términos globales cabe caracterizar la recuperación del nivel de actividad sectorial registrada en los años recientes como un proceso de reactivación, es decir, como un proceso de progresiva utilización de la capacidad productiva instalada. Cabe decir que la industria textil argentina se halla, desde hace ya varios meses, en una situación cercana al pleno empleo de su capacidad instalada.

No obstante, nuestros cálculos del consumo aparente textil nos indican que, con ese nivel de utilización de los equipos productivos, nuestra industria sólo alcanza a abastecer alrededor del 40% del mercado doméstico. El 60% restante es atendido por la oferta de importaciones.

La industria textil argentina tiene, por consiguiente, un largo camino por recorrer, como abastecedora del mercado doméstico, además del posible incremento de la oferta de exportaciones. Para transitar ese camino deben satisfacerse algunos requisitos fundamentales. Ante todo, la industria textil deberá, superada en lo fundamental la etapa de reactivación de la capacidad instalada, ingresar en un proceso de crecimiento, cuyo motor esencial es la inversión. Crecimiento implica, primero, asumir el riesgo de invertir para, luego, asumir el posterior riesgo de producir más y mejor.

La OMC y la Ronda DOHA

La Organización Mundial del Comercio (OMC) se halla dedicada a conseguir una sustancial reducción de la protección arancelaria a los bienes industriales para todos los países miembros.

Este objetivo tiene su fundamento en el enfoque del comercio internacional de David Ricardo basado en la ventaja comparativa, enfoque que constituye la visión dominante en la materia hasta nuestros días. Según esta teoría, a los países les conviene especializarse en la producción de los bienes para los que son relativamente más competitivos en la arena internacional, puesto que de este modo obtienen ganancia en el comercio. Siguiendo este paradigma del librecambio (el comercio internacional totalmente libre de restricciones y regulaciones nacionales), la OMC desde su origen como Acuerdo General de Tarifas y Comercio (GATT), en sucesivas “Rondas” ha impuesto crecientemente reducciones en los niveles arancelarios de los países miembros. Este criterio pretende ser llevado a límites extremos en la Ronda Doha que actualmente se desarrolla, si bien el objetivo enfrenta ostensibles resistencias y contratiempos. El hecho es que la normativa de la OMC, una vez sancionada, se torna de cumplimiento obligatorio para los países miembros.

En nuestro modo de ver, no es admisible que todavía se siga empleando el enfoque de la ventaja comparativa – un concepto nacido en la Inglaterra de la Revolución Industrial, hace doscientos años – para comprender el complejo mundo productivo del presente. A lo largo de esos doscientos años transcurridos desde los albores de la producción industrial, en el mundo económico y social que conocemos, los países avanzados, o países desarrollados, o como quiera denominárselos, evolucionaron invariablemente como economías industriales. Ello no quiere decir – como otrora pretendía David Ricardo con su exitosa propuesta de abolir las llamadas “leyes de granos” – que esos países actualmente desatiendan sus producciones primarias. Precisamente todo lo contrario, como puede advertirse en los debates de la Ronda Doha y la defensa enconada de los países centrales de su producción agrícola y ganadera.

Tampoco es admisible – y lo es menos aun, si cabe – que la OMC obligue a los países miembros a ceñirse a esa desactualizada receta comercial. No lo han hecho hasta ahora, a pesar de las limitaciones crecientes impuestas en materia arancelaria, y el comercio internacional ha evolucionado positivamente de manera ininterrumpida.

En este campo merece señalarse que algunos estudios de especialistas en los últimos años tienden a poner en duda la validez general del criterio de la ventaja comparativa para la optimización del crecimiento económico. No es nuestro cometido internarnos en estos análisis, pero sí entendemos pertinente puntualizar que la resistencia práctica de países, sectores y empresas a ponerse las cadenas de una obviedad engañosa no carece de acompañamiento teórico solvente.

Es preciso reconocer que el objetivo central de toda política económica debe ser el logro de niveles crecientes de bienestar para la población a través de altas tasas de desarrollo de su sistema productivo. El comercio internacional es, en función de ese objetivo principal, un instrumento importante, pero está muy lejos de ser un fin en sí mismo.

El tema no está en reclamar la eliminación de la protección y los subsidios a la producción primaria a los países del Norte, como contrapartida de la eliminación de los aranceles a los bienes industriales, más allá de la intolerablemente injusta asimetría que ello representa. Lo que sí corresponde subrayar enfáticamente es que si las economías pujantes y potentes del mundo moderno son todas economías integradas, sería justo reconocer el derecho de los restantes países a transitar similares caminos y aspirar a un destino semejante.

La política comercial externa

El cometido de la política comercial externa es tornar viables las iniciativas privadas en un marco de compatibilidad general. Debe descartarse de plano la idea de seleccionar, desde una supuesta posición omnisciente, cuáles habrán de ser las actividades autorizadas a sobrevivir y – cual pulgar de Calígula – decretar la defunción de las restantes.

Todos los países industriales se caracterizan por contener prácticamente todas las actividades de la industria manufacturera, en mayor o menor grado. En ninguno de ellos se ha impuesto una selección a priori como condición para un desarrollo económico óptimo. Lo que seguro caracteriza el proceso de desarrollo de los países avanzados, es la creciente diversidad y complejidad de su estructura productiva.

Si, imitando al demiurgo de Platón, contemplamos el desarrollo de los países avanzados como el paradigma a partir del cual habremos de construir nuestro propio destino, es preciso atender a los rasgos característicos del proceso que los llevó a su estado actual, antes que contemplar sólo el punto de llegada.

La alta tecnología nació, precisamente, a partir del suelo nutricio de una matriz productiva de creciente diversidad y complejidad. Ese progresivo y pujante desarrollo económico, social y cultural es el que la hizo posible. El notable nivel de desarrollo de los países centrales no surge a partir de la alta tecnología, como si esa fuera la condición para generar crecimiento económico, sino que, a la inversa, la tecnología de punta emerge y se desarrolla a medida que crece la diversidad, la complejidad y la imbricación de las actividades productivas entre sí y con el sistema científico y tecnológico.

Muchas actividades productivas calificadas como de tecnología intermedia o baja, hacen uso de insumos consumibles, insumos componentes y bienes de capital de alta tecnología. Más aun, el desarrollo de estos bienes está gobernado por su destino final. Si el criterio de privilegiar la producción de bienes de alta tecnología tuviese validez universal, la producción de muchos de éstos perdería sentido, como es el caso, por ejemplo, de la maquinaria para producir hilados o calzado deportivo. Si, en cambio, se acepta que dicho criterio carece de validez universal, ese criterio ingresa en el terreno de lo opinable, lo discutible o, peor aun, en el terreno de la arbitrariedad.

Lo cierto es que, en los hechos, los países avanzados no se privan de contar con la más amplia variedad de producciones, inclusive con las más primarias, tendiendo a descartar sólo aquellas dañinas para su medioambiente. En particular, la industria textil se halla presente en todos ellos y no parecen totalmente dispuestos a prescindir absolutamente de ella, como tampoco de otras industrias tradicionales.

La industria textil argentina, independientemente de sus especificidades y particularismos, necesita – para subsistir, crecer y perfeccionarse – una política comercial que le permita evolucionar frente a la competencia externa y acometer racionalmente los desafíos de aumentar la inversión y la producción. El empresario es esencialmente un tomador de riesgos. Del cálculo de ese riesgo y de la evaluación de alternativas emergen sus decisiones de producir (o no producir) y de invertir (o no invertir). La medida del riesgo del empresario industrial, el costo de oportunidad de producir textiles, está en el precio y el volumen de las importaciones.

El Mercosur

Hay dos tópicos estratégicos, la política comercial externa y la promoción industrial, que deben ser compatibilizados en la unión aduanera del Mercosur.

La actualidad regional se caracteriza por la notoria disimilitud de las políticas económicas de sus miembros y, en especial, de los dos socios principales. En particular, han habido fuertes diferencias en las políticas fiscales llevadas a cabo por nuestro país y por Brasil. Las políticas de incentivos a la producción y a las inversiones en Brasil fueron acumulando sus efectos a lo largo del tiempo, profundizando asimetrías y generando desequilibrios competitivos. Estas divergencias, además de entorpecer el proceso de imbricación de las economías participantes, son proclives a desembocar en tensiones y conflictos y dan lugar a costos operativos.

Por otra parte, la frontera económica externa está lejos de lucir armónica. Tampoco muestra hasta el momento el Mercosur una política comercial externa coordinada ni acciones concertadas en los foros internacionales.

La asociación de economías relativamente semejantes, como son las que conforman el Mercosur, abre la posibilidad de aprovechar la ampliación del mercado para los países miembros, generando economías externas y de escala para sus producciones. Los instrumentos promocionales deben ser compatibilizados y, en lo posible, uniformados en la región, a riesgo de generar o profundizar desequilibrios y asimetrías, dando lugar a situaciones inequitativas, capaces de entorpecer y aun poner en peligro el desarrollo asociativo.

Por su parte, la política comercial externa debería ser encarada con firmeza en forma conjunta por los países socios del Mercosur. No es ocioso subrayar que una común política de comercio exterior constituye el rasgo más sobresaliente y significativo de toda unión aduanera. Una acción concertada ante los organismos y foros internacionales es un factor de peso de gran importancia en pos de los objetivos estratégicos de la unión.

La promoción industrial

El desarrollo armónico y espacialmente equilibrado de la actividad económica en todo el país es una de las metas a demandar en la construcción de una política integral de desarrollo. La persecución del equilibrio espacial en la economía doméstica es, en cierto modo, una réplica conceptual del equilibrio que se reclama en el nivel mundial. Por tal motivo, es insoslayable que la promoción regional sea uno de los capítulos importantes de un programa de desarrollo.

Por otro lado, el objetivo de una ocupación efectiva del territorio nacional tiene incuestionables fundamentos económicos. Las asimetrías, los desequilibrios y las falencias en los niveles de desarrollo representan costos para la economía en su conjunto y su corrección, por su parte, es capaz de proporcionar una contribución importante al desarrollo económico global. En este terreno, la promoción económica regional es un instrumento de significativo valor.

Si fuese del caso encarar la renovación de la política de desarrollo regional, debería procurarse, ante todo, que sea de aplicación general y que abarque a la totalidad del territorio nacional, en busca de un equilibrio en la intensidad de los incentivos a otorgarse a las distintas regiones del país.

En segundo término, en lugar de la pura desgravación tributaria sobre los montos facturados, debería premiarse la generación de valor agregado. Con ese fin, los instrumentos promocionales deberían disponerse de modo que la tasa de incentivo esté vinculada a esa agregación de valor.

Por último, una nueva promoción regional e industrial debería estar dirigida exclusivamente a incentivar la producción dentro de nuestro territorio, descartando, como principio general, el empleo de la promoción de importaciones. La generación propia de divisas genuinas y la optimización de su gasto constituyen prioridades básicas de toda política de desarrollo. Este criterio cobra mayor relevancia aun en la actual situación de nuestro país, dado el compromiso de pago de la deuda externa refinanciada.

En términos generales, en el futuro la promoción industrial regional debería ser un instrumento orientado a incentivar la producción y las inversiones en todo el territorio nacional, equilibrado, armónico y eficaz como incentivador de la generación de valor y de inversiones. No se trata de conceder privilegios monopólicos o prebendarios; se trata, en cambio, de tornar viables el incremento de la producción y las inversiones en todo el ámbito de nuestro territorio, a partir de instrumentos de aplicación general.

Lic. Emilio O. Colombo

N de la R:A partir de hoy quisiera compartir con uds. notas y editoriales publicadas por la revista BASE TEXTIL, un referente de suma importancia dentro del ámbito textil, moda, tecnología y mercado argentino. En esta oportunidad, la Editorial Nº 149.

~ por chulavistadigital en 6 julio 2009.

Una respuesta to “La industria textil y el desarrollo en Argentina.”

  1. muy buena la informacion, estoy haciendo una investigacion sobre el tema y me viene de 10. me gustaria seguir compartiendo este tipo de notas , GRACIAS

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: