Indumentaria del siglo XVII: París como foco del arte y la cultura

1. Panorama político y social del siglo XVII. 2. Síntesis de la indumentaria de este siglo. 3. La importancia de la industria y el comercio de los tejidos. 4. Los colorantes y los tejidos estampados. 5. Los encajes. 6. La indumentaria del pueblo entra en la moda.


El precedente de moda que intentamos explicar en este período histórico no es estudiando la vestimenta sino las materias primas, la entrada de la industria y el comercio en su transformación y los textiles, cuyo consumo se diversifica, ampliando el uso de la vestimenta en cantidad y calidad.

Francia, finales del XVI principios del XVII. Indumentaria masculina. Foto de la Exposición CHRISTIAN LACROIX, HSTOIRES DE MODE, Les Arts Décoratifs, musée de la Mode et du Textile, Paris, coll. UFAC

1. Panorama político y social del siglo XVII: París como foco del arte y la cultura

Si el 1500 se caracteriza por la preponderancia del estilo español en la indumentaria europea, en el 1600 es Francia, y Holanda en menor medida, quien impone su indumentaria en un vasto territorio. Con perspectiva histórica, se vislumbra  ya cómo van a funcionar ya las corrientes de la moda en el futuro. Ello tiene que ver con la idiosincrasia del pueblo francés y, por focalizarlo mejor, con la personalidad propia de una ciudad, París, que va a mantener esas características de “grandeur” para toda su historia. Desde este siglo, París se está construyendo con su peculiar fisonomía de esplendor, cultura y arte. El rey Francisco I, vencido por Carlos V en la batalla de Pavía, es una admirable paradoja, porque desde entonces la capital del reino francés va creciendo a base de embellecerse; podríamos exagerar un poco diciendo que crece más como una gran colección de arte que como crece una ciudad, pero en cierto modo es así. Todos los monarcas compiten en construir palacios y monumentos. Tal foco de admiración no puede por menos de ejercer también como centro creador y difusor de moda.

La importancia y el ímpetu de los movimientos artísticos y culturales en este siglo también son una gran contradicción respecto a la situación de guerras, divisiones políticas y luchas religiosas casi permanentes. El empuje del arte influye en la evolución de la indumentaria más que todo lo demás, haciéndola cada década más refinada y elegante. Y los protocolos sociales inician también esta misma evolución hacia modales de cortesía y delicadeza desconocidos hasta entonces. Esto además sin olvidar la ayuda de las economías que crecen. Todo ello conformará una nueva estética, que ya no será solamente cortesana sino social, porque la vida se concibe de forma diferente. En Francia se dictan también leyes suntuarias, pero ni Richelieu ni Mazarino son capaces de imponerlas y París nunca las cumple.

Italia y sobre todo España ven desaparecer la supremacía que ejercieron en el siglo anterior, sólo algunas princesas españolas inspiran ciertas modas. La Holanda independiente y la Francia que crece en absolutismo se imponen en los cambios que aparecen en la vestimenta. La influencia de las Academias y el nuevo movimiento artístico que es el Barroco están presentes en estos cambios de moda e incluso se corresponden, potenciando la imaginación y la virtuosidad de los creadores de moda. Lo mismo que en el Barroco, en el vestido la moda es la preciosidad, rompiendo con la rígida simetría del XVI. Sin embargo, la importancia que ha tenido el Renacimiento aun se hace notar y no deja entrever todavía un verdadero nuevo estilo.

Aunque decae tanto la influencia española sobre la moda en Europa, no decae la reputación de los sastres españoles, que son requeridos desde todas partes y se sigue hablando de un corte español.

2. Síntesis de la indumentaria de este siglo.

  • El jubón que visten los hombres aparece con hombreras, para ampliar los hombros y perfilar el torso.
  • El jubón femenino es ajustado y lleva unas faldillas que van cosidas al jubón a la altura de la cintura, ampliando las caderas; para sujetar las faldillas en esta posición, se colocaba un rollo de tela relleno (el verdugado de tambor) debajo de la falda.
  • A partir del 1680, la blusa-cuerpo con ballenas es rígida, ajustada y alargada, con las mangas cortas y ahuecadas dejando pasar las de la camisa, también ahuecadas y terminadas por un volante de encaje.
  • Para defenderse del frío, las mujeres llevan vestidos superpuestos. Manteletas, en forma de bufanda, incorporan un capuchón.
  • El longevo rey de Francia, Luis XIV, sufre una enfermedad que lo deja calvo: aparece la peluca, que no tardando mucho va a ser un furor de moda.
  • Lo que hoy llamamos trajes regionales un cada uno de los países europeos, en realidad son los trajes que Europa viste en la segunda mitad de este siglo XVII.
  • Del antiguo manto español nace la mantilla española, (vigente hoy todavía en la indumentaria tradicional).
  • La prosperidad creciente de la clase burguesa deja a ésta definitivamente inmersa en el mundo de la moda.

El desarrollo de la maquinaria en hilaturas y tejeduría, así como el incremento del comercio en materias primas, incide directamente en una mayor producción de indumentaria, que también la diversifica (incluso con nuevas prendas, como el camisón de dormir). Todo ello permite que también las clases populares, especialmente artesanos y empleados administrativos, burgueses más o menos ricos, entren a contar en el consumo de indumentaria.

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En el vestido femenino, las faldillas van cosidas al jubón, a la altura de la cintura, ampliando las caderas. Terciopelo de seda, bordado en oro y pasamanería, hacia 1605. Museo Textil y de la Indumentaria, Barcelona, Es. Col. Rocamora. Foto Edym, 2009 Junto al modelo del 1600 se ve otro vestido del siglo XXI que recupera la idea del jubón ajustado y de las faldillas con volumen, ahora con tejidos ligeros y elásticos, que eliminan la antigua rigidez. Modelo de Emilio de la Morera , Londres, 2008.

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Chupa de heraldo; Amplia los hombros y perfila el torso.  Terciopelo de seda, con cierres y botones metálicos. Hacia 1650. Museo Textil y de la Indumentaria, Barcelona, Es. Col. Rocamora. Foto Edym, 2009

3. La importancia de la industria y el comercio de los tejidos

En 1662, el Parlamento inglés prohíbe toda importación de los encajes de Flandes. Los comerciantes ingleses intentan, sin éxito, traer obreras flamencas para fabricarlos en Inglaterra. Los contrabandistas se dedican a falsificar los documentos de las mercancías compradas en Flandes y éstas aparecen en la Islas Británicas como producto nacional. Ejemplos elocuentes de cuánta importancia adquirió la industria textil y cuánto y cómo aumentó el comercio de la materia prima textil.

En general, se puede afirmar que toda novedad aparecida en cuestión de indumentaria en este siglo adquiere enseguida tamaño e importancia tan considerable que los gobiernos de cada país actúan de inmediato, para contrarrestar los perjuicios que su descontrol puede ocasionarles. No sólo para materias primas, lana, algodón, lino, seda; lo mismo para los colorantes y los nuevos tejidos, cuando aparecen.

En la mitad del siglo XVII la industria textil alcanza tal tamaño que resulta determinante en la economía de todos los países. Faltos de experiencia en la política económica que requiere la nueva situación, en Francia y sobre todo en Inglaterra se suceden absurdas regulaciones que no hacen sino crear desconcierto, neutralizar la creatividad de los artesanos y causar hambre y agitación entre los obreros y campesinos. Es interesante anotar aquí que el consumo de los tejidos aumenta en gran medida porque los trabajadores comienzan a vestirse más y mejor que en el siglo pasado. El incremento del consumo y de la producción se ayudan mutuamente; entre ambos dan origen a la diversificación de tejidos.

En el norte de Europa hay tejidos de lino antes de la romanización, al igual que ocurre en el Oriente Próximo. En el escudo de la Asamblea de Irlanda del Norte hay flores de lino. Pero la calidad de los tejidos de lino hechos en Holanda en este siglo no son ni siquiera imitados de lejos por los fabricados en otros países; y de ahí el temor de los ingleses.

La mayor calidad requerida a estos tejidos exige de la lana también una mejora como materia prima. La mayor parte de las productoras de lana del continente europeo y de las exportadas a Australia y Argentina en los siglos XV al XVIII, proceden de la merina española1, traída a España por los árabes benimerines (procedentes de lo que ahora es el Norte de Marruecos) a principios del siglo XIV, cuando invadieron y poblaron una parte de la actual provincia de Cádiz. Toda Europa compra lana en la gran feria de Medina del Campo (Valladolid, España) y en Segovia está el mayor almacén de lana merina.

La gran competidora de la lana es la seda, proporcionada sobre todo por Italia, exportadora de telas para trajes, y por España ; la seda de Murcia se emplea sobre todo en pasamanería. Por otra parte, la seda levantina y la de China abastecen un muy importante consumo europeo.

Aunque la seda es, en el traje rico, el tejido ciertamente más empleado, se debe tener en cuenta la competencia que le hace pronto el algodón bajo la forma de los tejidos estampados.

4. Los colorantes y los tejidos estampados

Desde mitad del siglo, vistosos tejidos de algodón, estampados en vivos colores entran en el mercado europeo de mano de comerciantes portugueses, que los traen de Asia. Enseguida se hacen famosos entre la gente elegante que, aun reconociendo que no son precisamente como sus ricas telas de lino y seda, los adoptan para el vestuario doméstico: las mujeres hacen con ellos delantales y los hombres los adoptan en su batas caseras. El favor de estas telas tintadas crece aún a la ocasión de las visitas de embajadores orientales y su escasez relativa aumenta su fama al mismo tiempo que su precio, casi inaccesible para las mujeres de la burguesía ; por eso industriales sagaces buscaron producir a bajo coste las telas similares; pero otra vez la legislación proteccionista prohíbe la importación de esta telas y ahora la naciente industria europea que se estaba especializando en ellas. La policía francesa incautaba estas telas en el mercado de Saint Germain y las hacía quemar; en algunas provincias, mujeres eran despojadas de sus “vestidos indios” en la calle por la policía.

Las investigaciones hechas en este tiempo en materia de colorantes textiles ofrecen un interés especial, no sólo por su lado técnico sino también por la novedosa variedad que significó para la moda. Por otra parte, la telas tintadas tienen aquí su importancia por el nuevo papel que jugaron en la confección, extendiendo el uso del algodón, considerado hasta entonces como una industria textil inferior. La lencería en la clase media pudo aprovechar el algodón abarato, mientras los ricos seguían fieles a la tela de lino. Es de esta forma como se extiende el uso del popular camisón.

Al final del siglo, Inglaterra y Holanda disponían de colorantes de ultramar de excelente calidad. Pero son los tintoreros franceses quienes consiguen verdadera variedad y calidad de tinturas.

5. Los encajes

En el siglo XVI abundan los bordados sobre el tejido. Después se extraen hilos del tejido y se borda sobre los que quedan; cortando la tela , se borda en los agujeros. François Boucher cuenta de manera anecdótica cómo aparecieron los encajes: las obreras italianas tuvieron la idea de enlazar hilos del borde de la tela y de bordar sobre estos hilos sueltos; el punto in aera había nacido. En España se llama punto de ganchillo, tejido con un solo hilo y con una aguja especial, en forma de ganchillo. El encaje de bolillos, también abundante en España, es del mismo tipo. Enseguida el punto de ganchillo se extiende por todos los países y las damas de la clase popular lo adoptan como arte doméstico, del que existen verdaderas obras maestras.

Está por demás sobrado que otra vez las dichosas leyes suntuarias quieren atajar esta moda. Richelieu, que en principio lo prohíbe tajantemente, no tarda mucho en adoptarlo ostentosamente en su propio vestuario cardenalicio y cortesano; quisieron que las tejedoras venecianas formaran obreras francesas. Este tipo de encaje se hace famoso en la Normandía y Borgoña. Todos los países y regiones van añadiendo su impronta al género de ganchillo, al nuevo encaje de moda, y así son famosos también los valencianos, en España, tanto como los venecianos y los normandos.

6. La indumentaria del pueblo entra en la moda

  • La sencilla vestimenta popular sigue manteniendo el estilo de la etapa anterior. Las mujeres llevan falda hasta los pies, que levantan para el trabajo (falda remangada y atada en la cintura).

  • La blusa sigue más o menos ajustada al busto.

  • Los hombres llevan blusón normalmente más holgado, con alguna abertura abotonada. Esta  la camisa es a menudo de tela bermejuela e incluso de cáñamo entre los campesinos. Pero es el algodón sin tintar (el permitido por las restricciones gubernamentales a la importación) lo que abunda en la vestimenta popular y hace que, además, ésta se diversifique.

  • Pantalón de media pierna. Sombrero de fieltro, de ala ancha.

  • Abundan los paños gruesos, sargas; el paño de lana fina es utilizado por los artesanos, la gente de oficio, más profesionalizada.
    Abunda el color oscuro o mate, gris o marrón; el negro domina las sayas de las mujeres.

  • Botones de plata, bandas de terciopelo, bufandas de tafetán, ponen una nota de lujo sobre estos tejidos sin otro resplandor.

  • Por lo general, está más vestido el obrero ciudadano que la gente del campo.

  • La sarga del artesano marca la gran diferencia con el terciopelo y la seda del noble y del gran burgués: uno viste lo estrictamente necesario, otro se distingue con lo superfluo.

  • Finalmente, volver a recordar que la indumentaria de este siglo XVII, junto con los atuendos complementarios de ésta, van a fijar lo que se viene llamando después y ahora los trajes regionales. Y ello está también relacionado con la extensión de la indumentaria hacia lo popular, que adoptaron la de nobles y altos burgueses en su forma más simplificada.

NOTAS

Lana merina. Ver una más amplia exposición de la lana en la sección de tejidos, en el Capítulo 6.

Trajes regionales. Puede verse una larga colección de trajes regionales españoles y de algunas colonias en el documento anexo con este mismo nombre.

BIBLIOGRAFÍA

Historia general de España, Espasa Calpe.

Mujeres españolas, Salvador de Madariaga, Austral.

Cristóbal Colon, Salvador de Madariaga, Espasa-Calpe.

Memorias de Cristóbal Colon, Stephen Marlowe, Mondadori.

Isabel la Católica, Tarsicio de Azcona, Sarpe.

El vestido en la época de los RR CC, Vol. I, El traje femenino, Germán Vernís.

Trajes civiles y militares en los días de los RR CC, Narciso Centenach, Boletín de la Sociedad Española de Excursiones.

Histoire du costume, François Boucher, Flammarion, Paris, 1983

FUENTE: EDYM

Breve historia del traje y de la moda, J. Laver, Ensayos Arte Cátedra.

François Boucher, Ob. cit. p 283

~ por chulavistadigital en 8 julio 2009.

Una respuesta to “Indumentaria del siglo XVII: París como foco del arte y la cultura”

  1. maravilloso tu trabajo de investigación. estoy escribiendo una novela sobre mediados del siglo XVII, y tengo dolores de cabeza para vestir los pesonajes. por ejemplo, cuando las mujeres van de luto a la iglesia. cuando el hijo de un ilustrísimo va a confesarse. cuando un capitán recibe a un cura jesuita bastante prestigioso. cuando una mujer dirige el velatorio de su padre capitán de navío fallecido. el vestido de una importante mulata cuando recibe dicho padre. y cuando va a asistir al bautizo de cientos de negros traídos de Africa.

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