Indumentaria del siglo XVIII: importancia de la ciencia, industria y comercio

1. Panorama político y social del siglo XVII. 2. La nueva cultura en la Europa Occidental. 3. La importancia de la ciencia, la industria y el comercio de los tejidos. 4. Síntesis de moda

18th century lady's waistcoat

Chaleco femenino, c. 1770, confeccionado en brocado de seda trenzada; el trasero y las cintas de sujección en seda shantung; el forro en lino. Destacan los finos bordados de seda sobre el color melocotón de la misma trenzada. Esta rara prenda, con forma de corsé exterior, podían vestirlo las damas bajo un vestido a la inglesa, para rellenar el delantero cuando montaban a caballo. Desde luego se trata de una prenda tomada del guardarropa masculino de la época. Foto catálogo-ventas VINTAGE-textile.

Federal period waistcoat

Chaleco de caballero, c. 1790-1805, aparecido en una subasta en Nueva Inglaterra, pudo ser confeccionado en Ingalterra o en América con género importado. Bordado (por supuesto, a mano) sobre satén de seda negra y forro de lino color beige.; el trasero en el mismo lino del forro; botones forrados en seda y bolsillos de tapas.  Foto catálogo-ventas VINTAGE-textile –VER MAS INFO

1. Panorama político y social del siglo XVII

El día 1 de noviembre del año 1700 muere Carlos II, último de los Habsburgo que dirigió el imperio español. Las presiones en torno al rey muriendo son ciertamente novelescas, superando con mucho cualquier ambición política que se quiera imaginar. Varias veces las potencias europeas se reúnen para discutir cómo se repartirán los dominios del rey que está muriendo sin sucesión. Las presiones sobre la sucesión son tan absurdas que incluso el nuncio (embajador) del Papa lo acusa de endemoniado (hechizado, se dice) y lo exorciza. A pesar de eso el rey desfalleciente tiene la lucidez de decidir la mejor opción entre los herederos postulados: Felipe de Anjou, de la familia reinante en Francia. Al reinar Felipe de Anjou con el nombre de Felipe V, al Rey Sol se le plantean dos opciones contrapuestas: cumplir lo pactado anteriormente con demás potencias europeas o cumplir el testamento de Carlos II, y reeditar el imperio español, esta vez con Francia en la jefatura; su ministro Torcy dice: Si la guerra es inevitable, se hará para defender la cusa de la justicia, y la justicia es el testamento. Luis XIV, en el palacio de Versalles, proclama rey de España a su nieto duque de Anjou; es más, llega a reconocer los derechos sucesorios de Felipe a la corona francesa. La respuesta es inmediata: la gran Alianza de la Haya, fruto de la cual Francia y España, el abuelo y el nieto tienen que luchar solos contra Alemania, Inglaterra, Holanda, Dinamarca, Prusia, Portugal y Saboya. Se llega al tratado de Utrecht, que modifica sustancialmente el mapa político europeo y la correlación de fuerzas. La supremacía española se disuelve. Comienza la grandeza marítima de Inglaterra. Una última etapa del siglo es la independencia de los Estados Unidos, reequilibrando la balanza con un contrapeso un poco alejado de Europa.

2. La nueva cultura en la Europa Occidental

Al mismo tiempo, algo se modifica también en la dinámica de cambios de la sociedad europea.

Por una parte, en los países al oeste de Elba, orientados hacia el liberalismo, una burguesía libre y activa confirma su posición en el comercio y participa en el reciente crecimiento industrial. Al contrario, al este de Elba, la autoridad señorial limita los progresos sociales en las clases medias y bajas y los atasca en una situación feudal poco favorable a los cambios económicos.

Hay entonces una civilización que empieza a distinguirse no sólo como europea sino europea occidental, que se forma sobre las nuevas potencias marítimas. En la zona oriental, solamente pequeñas élites asimilarán estos cambios, aislando a las masas populares y excluyéndolos de los avances culturales. Es sobre todo pues gracias a corrientes intelectuales y espirituales como se harán los intercambios internacionales, y el traje, expresión del gusto y el refinamiento, se volverá uno de los medios de interrelación cultural entre los pueblos. Abajo del Elba, frontera cristiana e intelectual del pensamiento occidental, las modas cambiarán no solamente en los cortesanos y los nobles sino en todo el mundo: es así que es la sociedad y no sólo a ciertas clases sociales donde llegan los cambios en los modales, en la fantasía, en la búsqueda del placer, causas en fin que modifican nuestra forma de vestirnos; razón de más para que precisamente en esta época salga tan beneficiada la indumentaria femenina, mientras que el traje masculino había mantenido su preponderancia sobre el de la mujer hasta aquel tiempo.

3. La importancia de la ciencia, la industria y el comercio de los tejidos

En todo este capítulo dedicado a la historia de la moda hemos venido recalcando la importancia que el progreso de la industria el comercio inciden directamente en el desarrollo de la moda. Durante el siglo XVIII esto se acentúa de una forma tal que parece como si ambos factores lo hicieran a propósito.

En Inglaterra, las industrias del tejido se transforman rápida y completamente gracias al nuevo mercado que ofrecen las colonias españolas, a la abundante importación de algodón de la India y a la extensión de las factorías-sederías creadas al final del siglo anterior por los hugonotes exiliados de Francia.

La fabricación de los paños sigue siendo la base de la actividad británica; pero el algodón, que entra en gran cantidad a pesar de las limitaciones legales, abre a la industria un nuevo campo, mayor aún por el Tratado de París cediendo India a Inglaterra al final de la Guerra de Siete años.

Además nuevas invenciones están aumentando de manera muy notable la producción de los tejidos de todas las clases. Resumimos algunos inventos a continuación.

La nueva lanzadera volante (abajo) de John Kay en 1733, consigue aumentar considerablemente la velocidad de tejido. Ello provoca mayor demanda de hilos (y, por consiguiente, la subida de sus precios), empujando a inventar mejores máquinas de hilar.

La antigua tricotadora de Lee (que citamos en el subcapítulo anterior) es perfeccionada por Jedediah Strutt.14.000 máquinas de tricotar hay en 1750.

Samuel Crompton en 1775 construye la mula hiladora (su Spinning mule, también llamada Hiladora Hall-i’-th’-Wood, en recuerdo del pueblo donde vivía el inventor), que mejora mucho la Spinning Jenny.

Estas 4 ilustraciones proceden de Wikipedia y son publicadas bajo Licencia de documentación libre GNU

La Spinning-Frame, 1767. Richard Arkwright es un fabricante de pelucas que en 1762 contrata a John Kay y desarrollan una nueva máquina de tejer con tres juegos de rodillos apareados que giran a velocidades diferentes. Mientras estos rodillos producen un cabo de espesor correcto, otro juego de husos los juntos. La máquina pudo producir un hilo más fuerte y de mejor calidad que los producidos por la Spinning Jenny.

En 1785 se instala la primera máquina a vapor para mover un telar de algodón, ingenio inventado por el escocés James Watt sólo un año antes; ello da de por sí una idea suficiente de cuán importante era el textil para la industria en Inglaterra. Inmediatamente, tejedurías e hilaturas se desarrollan considerablemente en Manchester para el algodón, en Norwich para la lana y Coventry para la seda. Esta aparición de la mecanización implica una reducción de los precios de coste y los tejidos ingleses, por ser los más baratos, conquistan los mercados mundiales.

El auge del algodón tuvo una repercusión menos deseada: el tráfico de los esclavos. En efecto, los negreros de Liverpool transportaban cargamentos de algodón de la India o a través del Atlántico, de los nuevos Estados Unidos de América, donde el cultivo del algodón se daba ya desde el siglo XVII, de Virginia a la Carolina del sur, Georgia y la Louisiana. 45.000 esclavos negros se vendían al año en las plantaciones inglesas del Nuevo Mundo. Es precisamente este abastecimiento de mano de obra de África lo que permite proporcionar la materia prima a la gran industria del Lancashire.

Una de esas compensaciones que la Historia se da a sí misma ocurre entonces; y es que el gran auge del tejido de algodón, más barato y nada ostentoso, además de significar un revolución en el vestido tan grande como la de la seda en la Edad Media, produce también una suerte de democratización en Europa, en cuanto que suscita el gusto por lo sencillo: las telas al estilo hindú, los linones de algodón, las batistas, gasas y muselinas. También tenemos en cuenta que ello significa un duro golpe para la industria de la seda.

En las primeras décadas del siglo llegan también los grandes postulados científicos de Isaac Newton; y sus investigaciones sobre la luz y el color tienen una gran importancia en las técnicas del tintado que enseguida mejoran. Newton define los llamados colores primarios y después J. T. Mayer establece los principios químicos de estas mezclas, llegando a obtener 91 matices principales y 9.381 tonalidades de color discernibles por el ojo humano. Sobre estas bases entonces se buscaron las condiciones de fabricación de estos colores. Estas nuevas posibilidades de tonos compuestos, medias tintas y gamas ofrecían a los fabricantes de tejidos numerosas combinaciones de colores. Durante todo el siglo aparecen logros científicos de los que los tintoreros extraen aplicaciones prácticas. Berthollet descubre en 1791 el blanqueo mediante el cloro.

De estos adelantos, la vestimenta obtiene una gran variedad de colores, la decoración es más rica, el gusto más refinado.

4. Síntesis de moda del 1700 hasta 1850

La época es tan convulsa política y socialmente que seguir los avatares de la moda ligada a ella es un trabajo mucho más extenso del que podemos hacer aquí. Todos lo acaecido determina cambios en la indumentaria, algunos formalmente, con leyes que no cesan en su intento de modular los cambios, y otros con leyes no escritas, como fueron las guerras y la pobreza que éstas ocasionaron. La Revolución francesa, como insurrección que era por la libertad, debiera haber traído una libertad incuestionable en cuanto a la indumentaria, sin embargo era también una coacción contra ciertas costumbres de moda. En todo caso, se da una incesante sucesión de cambios que, vistos desde hoy, parecen de verdadero furor. Si algo se puede extraer con certeza de esta larga etapa es que el individuo, y no una clase social o la corte, toma por fin como iniciativa propia modificar su indumentaria. Ésta cuestión es precisamente la que constituye un último y definitivo precedente de moda.

Bajo el reinado de Luis XVI de Francia (1643-1715) y durante la Guerra de los Treinta Años, en la indumentaria destaca precisamente la falta de uniformidad, que hacía ver un vestuario distinto de una ciudad a la otra que le era vecina. Por destacar algo en contra, cabe recordar la prepotencia de las Leyes de Indumentaria dictadas por la corte de Versalles y cómo se esfuerza París por difundir su moda hacia el resto de Europa.

Le sucede un período de Regencia (1715-1730) y la llegada del joven rey Luis XV, que prácticamente desmontan el rigor del protocolo versallesco. La consecuencia más notable es que el carácter ceremonioso de la indumentaria cede el paso a una neta frivolidad. Vestidos más finos y ligeros, unidos a fuerte influencia de lo oriental.

Aparece la falda de amplísimo vuelo soportado por una armadura de ballenas (extraída en verdad de la ballena) que forma la llamada cesta. Hasta 1780 las faldas son exageradamente amplias. Su incomodidad está ya en desuso a finales del siglo (la Revolución francesa).

Al movimiento artístico del Barroco sucede del Rococó (1730-1789). La vestimenta reaviva un tono excesivamente aristocrática, por un lado, y militarista por otro.

El Rococó recarga de adornos los vestidos y busca acentuar un erotismo nuevo y muy pujante. La seda recobra su interés como tejido que acentúa la decoración. Faldas voluminosas y busto muy ajustado. El corsé es la prenda más de moda. El estilo rococó podría ser la única uniformidad de vestimenta que se da en toda Europa.

La burguesía, que ya es una calase social definitivamente asentada, determina una vestimenta diferenciada para cada uno de los gremios profesionales: los artesanos importantes, los banqueros, los comerciantes, los hombres de leyes, se distinguen por su indumentaria característica, adaptada a su oficio. El final del Rococó es la Revolución francesa.

Las prendas se hacen más cómodas y prácticas; las modas que sobreviven del antiguo régimen se han simplificado. La sociedad modifica sus relaciones intersexuales. Todo es fruto también de la culminación de la revolución industrial inglesa y los cambios económicos que ello supone. Pero es de notar que pierde más ornamentación el traje del hombre que el de la mujer, en el que se descubren los senos y destacan cada vez más.

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Arriba: Vestido en damasco de seda, con cintas de seda. Catalunya 1735-1740. Corsé bajo el vestido, marcando el busto y alzando los senos. Col. M. Rocamora; Museo Textil y de la Indumentaria de Barcelona. Foto © Quim Puyol – EDYM, Es. 2009.

Abajo: Corsés, Catalunya 1750-1800. Estructura hecha con varillas de caña, ballenas o bien metálico, forrados con tejidos labrados en seda. Destinado a darle una forma especial y concreta al torso de la mujer, comprimiendo la cintura y elevando los senos.

En todo este capítulo dedicado a la historia de la moda hemos venido recalcando la importancia que el progreso de la industria el comercio inciden directamente en el desarrollo de la moda. Durante el siglo XVIII esto se acentúa de una forma tal que parece como si ambos factores lo hicieran a propósito.

En Inglaterra, las industrias del tejido se transforman rápida y completamente gracias al nuevo mercado que ofrecen las colonias españolas, a la abundante importación de algodón de la India y a la extensión de las factorías-sederías creadas al final del siglo anterior por los hugonotes exiliados de Francia.

La fabricación de los paños sigue siendo la base de la actividad británica; pero el algodón, que entra en gran cantidad a pesar de las limitaciones legales, abre a la industria un nuevo campo, mayor aún por el Tratado de París cediendo India a Inglaterra al final de la Guerra de Siete años.

Además nuevas invenciones están aumentando de manera muy notable la producción de los tejidos de todas las clases. Resumimos algunos inventos a continuación.

Catalunya, 1715-1718, vestido en terciopelo de seda, bordado en oro y plata. Museo Textil y de la Indumentaria de Barcelona, Col. M. Rocamora. Foto © Quim Puyol – EDYM, Es. 2009

Tres tipos de vestidos en tres estilos, identificados con tres países diferentes.

En la foto superior: a) En el lado izquierdo de la foto, vestido a la polonesa acanalado listado y espolinado de sea, felpilla y metal, bordado en seda y metal, encaje de pita (Catalunya, 1780-1785). Amplía la parte trasera del vestido, desde la espalda. b) En el lado derecho de la foto, vestido a la francesa, acanalado y espolinado de seda, bordado en seda y metal, encaje metálico, también alargado con la cola (España, 1755-1760).

En la foto Izda.: Vestido a la inglesa (París,1780-1790) en tafetán de algodón estampado. Retoca el torso, más estilizado aquí, y amplía las caderas, como en los modelos anteriores.  Museo Textil y de la Indumentaria de Barcelona, Col. M. Rocamora.


Fo

Barcelona, 1789-1800. Vestido de algodón, bordado en seda e hilos dorados. Museo Textil y de la Indumentaria de Barcelona, Col. Colette Bergés. Barcelona, 1795-1800. Vestido y spencer. Vestido en batista de algodón bordada de lentejuelas, pasamanería de metal; spencer en raso de seda bordado con lentejuelas.

Catalunya, finales del XVIII,  vestido en batista de algodón bordada. Museo Textil y de la Indumentaria de Barcelona, Col. familia Forn-Homs.

Abajo: Catalunya, hacia 1820. Izda. de la foto: Vestido: lampazo de seda, tul y batista de algodón bordada. Dcha.: Raso labrado de seda y cinta de raso de seda con relleno. Museo Textil y de la Indumentaria de Barcelona, Col. Rocamora. Foto © Quim Puyol – EDYM, Es. 2009

España, 1830-1835. Raso de seda estampado, encaje de algodón. Torso y cintura marcados por el corsé que viste la dama, con varias enaguas superpuestas bajo el vestido.. Mangas que nacen ajustadas y hacen una ampliación exagerada desde el codo. En el video podemos ver la extraordinaria calidad del estampado sobre la seda, con la durabilidad de colorantes que aún se aprecia después de más de 150 años. Museo Textil y de la Indumentaria de Barcelona, Col. M. Rocamora. Foto © Quim Puyol – EDYM, Es. 2009.

Francia, 1830-1835. Vestido y pañuelo sobre los hombros, en tafetán de algodón estampado. al contrario que el vestido español, aquí están ampliadas las mangas en la parte superior y más ajustadas desde el codo. En el video puede observarse la fina ornamentación que ha sido estampada sobre toda la pieza de algodón en que se ha confeccionado este vestido. Museo Textil y de la Indumentaria de Barcelona, Col. M. Rocamora. Foto © Quim Puyol – EDYM, Es. 2009.

Arriba: En el lado izquierdo de la foto, Francia, 1825-1830, vestido en tafetán de seda. En el lado derecho de la foto, Catalunya, 1835, vestido en tafetán listado de seda. Museo Textil y de la Indumentaria de Barcelona, Col. M. Rocamora. Foto © Quim Puyol – EDYM, Es. 2009. Abajo: Video resumen de Moda Imperio

Con la moda imperio (1804 -1815) el vestido pierde el volumen de la crinolina pero en muchos casos una cola lo alarga por detrás.

La silueta rectilínea se alarga mediante esa cola del vestido.

Telas transparentes muestran el cuerpo; se destapan los brazos, produciendo el efecto de alargamiento (contrario a las mangas anchas y/o abullonadas).

La cintura se desplaza hacia arriba y se marca bajo el pecho.

El escote se mantiene en los vestidos de fiesta pero se reduce en el vestuario común. Indudablemente, la corte napoleónica está de moda y sus fiestas en París son el gran escaparate.

Aparece el pantalón largo, para los caballeros.

BIBLIOGRAFÍA
Historia general de España, Espasa Calpe.
Mujeres españolas, Salvador de Madariaga, Austral.
Cristóbal Colon, Salvador de Madariaga, Espasa-Calpe.
Memorias de Cristóbal Colon, Stephen Marlowe, Mondadori.
Isabel la Católica, Tarsicio de Azcona, Sarpe.
El vestido en la época de los RR CC, Vol. I, El traje femenino, Germán Vernís.
Trajes civiles y militares en los días de los RR CC, Narciso Centenach, Boletín de la Sociedad Española de Excursiones.
Histoire du costume, François Boucher, Flammarion, Paris, 1983
Breve historia del traje y de la moda, J. Laver, Ensayos Arte Cátedra.

~ por chulavistadigital en 10 julio 2009.

2 comentarios to “Indumentaria del siglo XVIII: importancia de la ciencia, industria y comercio”

  1. OLA PUES ESTA MUY COMPLETA LA INFORMACION
    Y PUEES ME GUSTO MUCHO
    VOY EN EL TALLER DE CORTE Y CONFECCION
    Y TODA ESA INFORMACION ME GUSTO

  2. Hola, he encontrado un siti donde tienen unas reproducciones de cintas de seda del s.XIX que pueden ser interesantes. Les dejo el enlace, un saludo.

    http://cintasdeseda.blogspot.com/

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